23 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

ESTÁ el búfalo que juega como un príncipe: Ronaldinho. Está ese ladrón de bicicletas, Robinho. Hay un correcaminos búlgaro, Petrov, Gento en el Manzanares. Está esa manera de pasar y centrar la pelota con otra vuelta de tuerca de Beckham. Por supuesto, Zidane, que juega ante cien mil como cuando de niño burlaba al balón y al hambre en los callejones sin salida de Marsella. Está Aimar, que es poeta. Está el bético Conceiçao, que toca madera. Está el vento mareiro de Dépor y Celta. Hay una pulga, Messi, que no es El Diego (Maradó sólo hay uno), pero que podría llegar a ser El Dieguito. Está Eto'o, que desbordaría al Renault de Alonso en el sprint del área. Está San Mamés, que, como es Catedral, vive algún que otro milagro. Están los árbitros, que siempre añaden su novela de suspense, con sus decisiones de psicoanálisis. Está el Sevilla, que echa el cerrojo y parece que se tragaron la llave. Está el Cádiz y su chirigota. Están Riquelme y Forlán, que ruedan en Villareal Dos hombres y un destino: el gol. Por no hablar de Deco, que no es un jugador. Es un minutero, exacto en la falta a tiempo, el toque y el gol. Y está el milagro del Getafe, que es como el de los pelaos de Torre del Mar. Hay Liga. cesar.casal@lavoz.es