23 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.
CAMINAN durante meses a través del desierto, sometidos a mafias que esquilman los ahorros familiares con los que acometen el viaje. Sobreviven a una travesía en patera o al salto de las vallas metálicas que cierran el paso a la tierra prometida europea. Y cuando al fin logran llegar, otras mafias les exigen, en la supuestamente civilizada y acogedora Galicia, fianzas y alquileres de lujo por lo que a veces no pasa de infravivienda. Aunque oficialmente no exista esclavitud desde hace siglos, apenas hay diferencia entre los esclavos de antes y tantos inmigrantes de ahora. Los derechos humanos siguen siendo para ellos un sueño imposible.