TENGO la impresión de que habitamos un mundo mucho más moderno que las ideas que lo rigen. Pisamos las sendas del siglo XXI apoyándonos en bastones del XIX. Los grandes partidos políticos o, al menos, las ideologías que los mueven, nacieron hace dos siglos en un contexto que muy poco tiene que ver con el actual. Sin embargo, las simplificaciones políticas generadas entonces permanecen y operan. La dicotomía derecha/izquierdas, por ejemplo, hace tiempo que ha perdido su sentido originario (la lucha capital/trabajo), pero sobrevive en los discursos políticos y explica, entre otras cosas, la profunda incoherencia de las políticas de emigración, que resucitan fantasmas más propios del nacionalismo romántico del XIX que del presente escenario globalizado, la desconexión políticos-mundo real o la fanatización de tantos en torno a unas siglas. Necesitamos ideas nuevas -no meras simplificaciones ideológicas- para explicarnos el sentido del mundo que vivimos y dar respuestas a sus problemas. Quizá ayude comenzar borrando los clichés insensatos, auténticos prejuicios políticos, que imposibilitan pensar y hablar, pero potencian la exclusión, el monólogo y, como consecuencia, la división. psanchez@udc.es