El aprendiz de brujo

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

20 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

DURANTE los últimos años los portavoces conservadores de los círculos económicos dominantes han venido denunciando la supuesta esclerosis que atenaza al modelo social europeo. Subrayan con especial énfasis la excesiva rigidez en la regulación del mercado de trabajo y reclaman un drástico recorte en la protección social que los Estados ofrecen a los ciudadanos, a fin de conseguir, dicen, que las economías europeas puedan ser competitivas en el nuevo orden global. Para estos ilustres próceres de la política y la economía mundial, el modelo social europeo -basado en el compromiso capital-trabajo y en el que el Estado es el principal garante de la cohesión social- es una antigualla que hay que colocar cuanto antes en las vitrinas del museo de la historia. Plenamente identificado con estas ideas, Tony Blair, en su condición de presidente de turno de la Unión Europea, consideró llegado el momento de dar una dura lección a sus incompetentes colegas europeos y lanzó el debate para cambiar tan ineficaz modelo. A ese objetivo iba a dedicarse la cumbre que la Comisión Europea y los jefes de Estado y de Gobierno tienen previsto celebrar el próximo día 27 en Hampton Court. Pero para sorpresa de propios y extraños, Londres ha decidido reconducir el orden del día del cónclave a un ambiguo «análisis de las consecuencias de la globalización en las condiciones sociales de los ciudadanos». Las causas de este cambio son evidentes. El informe encargado por el propio Blair para la ocasión resultaba demoledor. En dicho estudio, coordinado por André Sapir, los países nórdicos -Dinamarca, Suecia, Finlandia y Holanda- son los que salen mejor parados, tanto desde el punto de vista de la eficiencia como desde el de la equidad. Estas naciones, refutando todos los tópicos neoliberales, han crecido a un buen ritmo, conocen altas tasas de inversión y, sin embargo, tienen los sistemas de protección social más desarrollados del mundo. Todo ello con una baja inflación y sin déficit público apreciable. Son también algunos de los países mejor integrados internacionalmente, representando su comercio exterior el 34% de su PIB. Por si esto no fuera suficiente, los últimos datos de la OCDE han debido desanimar definitivamente al impulsivo Tony. En efecto, según esos datos, el Reino Unido crecerá este año el 1,5%, la productividad de su economía es menor que la de Francia y Alemania y la renta por habitante de los británicos no alcanza la media de los países de la OCDE. Al parecer, como le ocurrió al famoso aprendiz de brujo, a Blair se le ha escapado el debate de las manos. Pero no se hagan ustedes ilusiones; Blair, Barroso, Bush y sus numerosos acólitos neoliberales volverán a la carga. Saben que la doctrina necesaria para defender los intereses que representan no ha de estar sometida a una prueba empírica seria, quizá no necesite siquiera ser realmente convincente. Lo importante es que exista una teoría alegable a mano; es esa disponibilidad y no la sustancia lo que importa.