Los humanos

| UXÍO LABARTA |

OPINIÓN

VISITANTE de las opiniones y los resultados del debate de actualidad de la edición digital de La Voz de Galicia, y por tanto con un cierto criterio sobre las tendencias de opinión de quienes en él participamos, me sorprendieron -por veraces- los resultados obtenidos ante la pregunta sobre la expulsión de emigrantes en la linde de Ceuta y Melilla. Más del setenta por ciento de los participantes estaban de acuerdo en la expulsión o devolución. Lo que no significa que las una y mil imágenes de la deportación no los hayan sobrecogido. Nos movemos habitualmente con el convencimiento de ser una sociedad sin atisbo de racismo o xenofobia. Por ello sorprende constatar ahora el amplio acuerdo en torno a la expulsión de los otros . Pero la relación con lo foráneo siempre ha sido especial entre los humanos, y así se ponía de manifiesto en aquellas películas de la conquista del Oeste americano cuando, con sorpresa y sin comprender la dimensión que tenía, descubríamos que alguna de las tribus se denominaba «los seres humanos». Lo que implicaba la exclusión de esta categoría de todas aquellas otras tribus, incluso vecinas, y por supuesto, del hombre blanco. Pero quizá una percepción próxima de nuestra posición ante el extraño o forastero la sintetiza Enzensberger con singular agudeza al reflexionar sobre la gran migración. Quienes hemos viajado en ferrocarril cuando los vagones se dividían en compartimentos sentimos próxima la sensación que describe. Ocupados ya nuestros asientos, y marcado nuestro hipotético y transitorio territorio, reaccionábamos con la hostilidad de invadidos ante la llegada de nuevos viajeros. Viajeros que, a su vez, eran presa de la misma sensación irracional cuando se incorporaban otros nuevos pasajeros. Recordando, ¿recuerdan?, y reflexionando sobre aquellas primarias sensaciones ante un hecho transitorio, es fácil adentrarnos en temores y actitudes ante la llegada masiva de seres de otros mundos, culturas o civilizaciones. Y por más que las migraciones sean tanto fenómeno histórico como realidad próxima que ha configurado la identidad de Galicia, cabe preguntarse hasta dónde los europeos aceptamos integrar a quien llega, e incluso si estamos capacitados para ello.