Fórmula mágica

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

14 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

HASTA hace un rato sólo contábamos con cuatro fórmulas mágicas. Efectivas y definitivas, eso sí, pero sólo cuatro. La del detergente que lava más blanco que ninguno, aunque te destroce la ropa. La fórmula mágica para perder peso, con la que te desesperas porque no rebajas ni un gramo. La del insomnio, pese a que te sigues pasando la noche en blanco. Y la fórmula mágica contra la calvicie que si la aplicas puedes quedarte como míster Proper. Ahora existe una nueva formulación en el mercado. La acaba de descubrir esta misma semana el presidente Zapatero, agobiado como está, para salvar el obstáculo de que el Estatut considere a Cataluña una nación. En realidad no tiene sólo una fórmula, tiene ocho. Y lo sorprendente es que no tenga cien. No se habrá dado cuenta, porque todo es cuestión de tirar de diccionario. Coges el de la RAE, el Corominas, el María Moliner y el de sinónimos, vas viendo, y te encuentras con que las fórmulas pueden ser tantas como quieras. A un servidor, sinceramente, lo de que Cataluña es una nación no le preocupa. Como si quiere ser un continente, un océano o un atolón. Le da igual. Lo que sí quiere un servidor, y por lo visto la inmensa mayoría de servidores, es que se ajuste a las reglas del juego en las que casi todos nos movemos. Y que lo haga en todas las demás cuestiones. En la recaudación y gestión de impuestos, en las competencias de justicia, en la financiación, en la lengua, en las infraestructuras; en fin, en los 227 artículos y en las disposiciones varias de que se compone el Estatut y qué es lo importante. Así que bien está que Zapatero haya descubierto hasta ocho fórmulas mágicas. Le quedamos eternamente agradecidos. Pero no necesitábamos de tanto esfuerzo. Con una nos era suficiente. Y, además, una muy sencilla. No habernos metido en este berenjenal.