La diagonal de la alta velocidad

OPINIÓN

SOBRE el mármol de un mostrador extendí las páginas de un periódico. Leí algún titular, pero apenas me detuve porque poco añadía a la lectura de mi diario habitual. Pero un mapa de líneas negras y grises y de trazos punteados llamó mi atención. Era el dibujo sobre el mapa de España de las inversiones ferroviarias contenidas en los presupuestos que ahora se debaten y que se añadían a las obras ya realizadas o en alguna fase de ejecución. Una negra línea gruesa marcaba una gran diagonal que separaba y dividía el mapa español en dos espacios opuestos. La diagonal ferroviaria era el AVE de Sevilla a Madrid y Barcelona. A su derecha, las líneas de puntos, de rayas discontinuas y de líneas rectas se densificaban. Era la España del nuevo transporte ferroviario, la España del desarrollo, de las grandes ciudades emergentes, de la arquitectura de marketing, del crecimiento demográfico, del turismo internacional y de la masiva inmigración. A los vértices del clásico triángulo del desarrollo español (Bilbao, Barcelona, Madrid con epicentro en Zaragoza) se añadió recientemente el vértice valenciano. En este espacio los AVE, los Euromed, los Alanis, los Talgo 200 van ya de un lado para otro y se preparan para enlazar también las ciudades medias y pequeñas. Poco a poco el tren va ganando puntos al avión y a la carretera. Es el escenario del futuro. Al otro lado de la diagonal, el vacío ibérico resultaba llamativo. Una dirección decidida apunta hacia el Norte, pensada para conectar el País Vasco, y especialmente Asturias. En el centro castellano, al nodo vallisoletano del futuro se suma ahora un nuevo nodo ferroviario de elevado potencial: León. En el extremo noroeste, trazos aislados del mapa gallego dibujan una línea de futuro, un futuro demasiado distante. Siguiendo en su implantación una dirección contraria a la de las agujas del reloj, los trenes de alta velocidad han vuelto a ser respetuosos con una de nuestras señas de identidad: nuestro carácter de finisterre, de periferia. Pero todo esto, dicho de una u otra manera, ya lo sabíamos, aunque la aceleración asturiana es algo nuevo, y también lo es que el AVE castellano que había de unir Valladolid con Ourense vía Zamora quede en vacío ante la priorización del enlace por Palencia y León hacia Oviedo y Gijón. Más nuevo me resultó comprobar cómo al unir los puntos más próximos resultaba que en el futuro cercano podía ser más viable unir el nodo ferroviario de León con Ourense vía Ponferrada y Monforte que la propuesta actual. Recordé entonces lo que alguna vez anunció Zapatero: la adición del eje central ferroviario a los del ya extinto Plan Galicia. Claro que, en este caso, más que una adición sería una sustitución. Al hilo de esta primera deducción constaté las ventajas comparativas que con la opción leonesa puede adquirir el nuevo puerto de Gijón sobre los gallegos en lo que al enlace con la red rápida ferroviaria concierne. Y entonces fue cuando recordé otra reciente declaración del presidente del Gobierno sobre su idea de hacer en León el gran centro logístico de los nuevos puertos del noroeste, incluyendo el nuevo Musel, el ferrolano, el coruñés y el de Vigo. Tal vez sea esta la estrategia del Noroeste de la que a menudo habla ZP. No deja de ser una opción interesante, pero no cabe duda de que sería un cambio estructural decisivo en los mapas que de la Galicia del futuro se estuvieron dibujando. Tal vez sea sólo una ilusión gráfica, pero no estaría de más que fuéramos pensando en ella, porque puede influir decisivamente en nuestro posicionamiento logístico en Europa.