ES EVIDENTE que los combatientes mujaidines que atacan a británicos y norteamericanos, y a los propios iraquíes a quienes dicen defender, están recibiendo apoyos del exterior a través de las fronteras. Es increíble que los vecinos de Irak por el norte (Siria) y por el sur (Irán) hayan permitido la entrada de hombres y materiales para alimentar la guerra civil que se está produciendo sin que los Gobiernos de Washington y Londres lo impidiesen. Ahora, el presidente Bush acaba de denunciarlo en su discurso a la nación. Pero han tenido mucho tiempo para denunciar lo que seguro conocían. Estos días, la prensa internacional ha dado cuenta de dos hechos muy significativos de lo que esta pasando en el ámbito estratégico de Oriente Medio. El primero es la operación emprendida por las fuerzas norteamericanas en el norte, en la frontera con Siria, para eliminar los focos de resistencia y mantener la zona fronteriza asegurada mientras dure el período electoral para el referéndum constitucional. El segundo es la acusación del Gobierno británico a Irán de que existen pruebas que comprometen a la Guardia de la Revolución por facilitar a los chiíes de Hezbolá explosivos de alto poder destructor que fueron empleados en la región de Basora contra las fuerzas británicas que tuvieron ocho muertos. Siria antes, e Irán ahora, niegan que estén proporcionando ayuda a los terroristas. Pero resulta curioso que estas acusaciones coincidan con el referéndum constitucional de Irak que margina a los sunníes en el norte y que en el sur los chiíes hostigan a los británicos, mientras que el régimen de Teherán se ve amenazado por sus programas nucleares. Cuando en el norte y en el sur las fuerzas aliadas se ven obligadas a activar su presencia es que estratégicamente algo no marcha bien, aunque sea con motivo del importante referéndum para la Constitución en Irak.