Vallas de diseño

| JOSÉ MARÍA CALLEJA |

OPINIÓN

06 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

DA LA sensación de que el principal problema de la inmigración es el tipo de valla que debe colocarse en Ceuta y Melilla y no la sangrante realidad que pone de manifiesto el hecho de que haya centenares de personas dispuestas a dejarse la piel a jirones con tal de llegar a un futuro que es incierto, pero confortable si lo comparamos con lo que dejan atrás. No podemos ponernos en la cabeza de todas y cada una de las personas que quieren saltar la valla, pero no parece exagerado afirmar que están muertos de hambre y que huyen de unos países en los que la corrupción, la incompetencia y el destino del dinero a fines perversos dejan pocos resquicios a la esperanza. No se trata de que los españoles nos flagelemos, con esa mala conciencia que nos entra a los europeos cada vez que vemos a un africano o a un latinoamericano dando tumbos en busca de comida. Los culpables de lo que ocurre en los países del continente africano son sus gobernantes, en primer lugar. La prueba es que en aquel continente hay países que funcionan razonablemente bien y otros rematadamente mal, y eso tiene que ver con la calidad democrática o no, con la transparencia o no de sus gobiernos. Decir que hay africanos que se juegan la vida para tratar de mejorarla, decir que quieren venir aquí porque la diferencia entre su nivel de vida y el nuestro es apabullante, les resulta a algunos una blandenguería de ONG navideña. Pero el problema principal radica en ese abismo. Por eso no tiene sentido discutir tanto sobre el diseño de la valla, y sí más sobre la tragedia que provoca esta estampida. La valla la puede diseñar Mariscal, y el problema seguirá siendo el mismo. Por otra parte, resulta curioso que nos rasguemos las vestiduras en Ceuta y en Melilla y no nos alarmen tanto los miles de inmigrantes que entran por avión, procedentes de Latinoamérica; o por autobús, procedentes de Centroeuropa, que no nos alarmen luego, cuando están integrados en los puestos de trabajo que repugnan a los españoles. Este asunto, la inmigración, es el más importante que tenemos hoy en día. Algunos lo venimos diciendo desde hace años. Ocurre que el ritmo trepidante al que se produce el fenómeno y la proverbial capacidad de nuestro políticos para no dedicar el tiempo, la energía y el talento necesario al abordaje de esta cuestión hacen que nos sintamos desbordados y que se distorsione el enfoque con un debate sobre la morfología de la valla y no sobre la geografía del hambre.