Galicia en penumbra

| VÍCTOR MORO |

OPINIÓN

LA VENTA fulminante de la participación del BSCH en Unión Fenosa aparentemente ha sorprendido al grupo gallego interesado en su adquisición. El desenlace de la operación con dos simples llamadas telefónicas en las que coincidieron la agilidad tradicional del banco y la política de diversificación sectorial de ACS, mantiene la eléctrica sin capitales gallegos dominantes y consolida definitivamente su domicilio social y fiscal lejos de Galicia. En el clima de insolidaridad que se avecina, la tributación de Fenosa seguirá contabilizándose como ingreso de la comunidad madrileña y también la de Iberdrola si cristaliza su acuerdo con Gas Natural. Galicia aporta la energía y soporta los efectos perversos de la generación sin contrapartida alguna, mientras los impuestos y beneficios derivados de su aprovechamiento se contabilizan a favor de otros territorios. La perplejidad del mundo económico, político y empresarial gallego y la de todos los medios que esperaban anunciar a bombo y platillo la reconquista de una empresa tradicional aún continúa. ¡Ingenuidad! ¡Inexperiencia! ¡Torpeza! ¡Ignorancia! ¡Engaño! Todo es posible, y la duda permanecerá en tanto los actores no aclaren los entresijos de la negociación para aviso de navegantes inexpertos. Siguiendo la información publicada, parece ser que el grupo gallego ofrecía 30 euros por título. El banco, con su habilidad característica, lanzó la mercancía en puja alcista y surgieron posibles interesados, ciertos o ficticios, hinchando el globo. Ante la sorpresa general, de un plumazo y con agilidad felina, el BSCH comunicó a la CNMV el hecho relevante de la venta a ACS de su participación en Unión Fenosa a 33 euros por acción. La rápida y sorprendente decisión de compra por la constructora madrileña se justifica en su política de diversificación, pero yo no dudo de que además contaba con información suficiente que seguramente veremos confirmada en breve. No se toma de la noche a la mañana una decisión de esta envergadura. Muchos quedaron con cara de tonto recordando la manida sentencia de Castelao sobre la lluvia dorada. Las recientes declaraciones del ex vicepresidente de Inditex sugieren, aunque no concretan, las posibles causas del fracaso gallego. La presencia en el grupo concertado de una caja de ahorros con participación del 4% en Unión Fenosa, sin haber realizado hábilmente desinversiones previas, obligaría a la presentación de una oferta pública de adquisición de acciones (opa) por un mínimo del 10% adicional del capital de la compañía al rebasar la participación conjunta el 25% de aquél, posiblemente bocado excesivo para el grupo concertado y extremo que, al parecer, no fue analizado con la debida antelación. Si esto fuera así, unido a las limitaciones legales por coeficientes y concentración en las entidades financieras, sin descartar la bisoñez de los negociadores o de sus asesores, podríamos comenzar a intuir las causas de tan lamentable fracaso. Porque un incumplimiento contractual del BSCH no parece probable, y si así fuera debe decirse. El martes, en Madrid, el presidente de la Xunta reafirmó la política de su Gobierno para potenciar la economía de Galicia y su interés en la galleguización de nuestros recursos y empresas. Es necesario porque Galicia se apaga y al margen de concesiones respetables y compromisos de mantenimiento de las inversiones y del empleo, lo verdaderamente cierto es que la atmósfera contaminada, los lignitos en trance de agotamiento, los ríos maltratados, los puertos, los enclaves de regasificación, el viento, la biomasa y pronto las mareas son moralmente patrimonio colectivo del país, cuyo Gobierno algo tendrá que decir y decidir sobre su aprovechamiento y futuro.