Discordia autonómica

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

SERÍA una lamentable paradoja que el presidente Zapatero patrocinase en el mundo una Alianza de Civilizaciones mientras en España se le estuviese agudizando una discordia o trifulca autonómica. Lo digo con la esperanza de que no ocurra. Pero también con la preocupación que suscitan el kafkiano proceso estatutario catalán y el sospechoso «aquí te espero» vasco, de rostro impenetrable. ¿Reman todos en la misma dirección? No lo parece. Y esto es lo inquietante. Porque, si no es así, es que unos tratan de imponer algo a otros, y eso ya no está en línea con la Constitución de 1978, la bien llamada «del consenso», aunque su negociación no estuviese exenta de tensiones y enfrentamientos. La sensación que prima es la de que entonces nadie recelaba de que los otros jugasen con cartas marcadas, mientras que ahora la desconfianza se ha adueñado de la situación. Y el que no lo crea así, que le eche un vistazo a las relaciones entre el PP y el PSOE. Las declaraciones de sus líderes son suficientemente explícitas y elocuentes. Zapatero ve en Rajoy a un jacobino inflexible y carpetovetónico, mientras el líder del PP cree que el presidente del Gobierno «se ha convertido en el más peligroso de los nacionalistas, el que imita y no sabe para qué quiere ser nacionalista» (15-4-2005). En este ambiente de acritud y desconfianza se quiere avanzar por el proceloso mar de las reformas estatutarias. Y Zapatero les dice a los catalanes del seny -al parecer perdido- que lo del nuevo Estatuto es «ahora o nunca», porque con el PP en el Gobierno no tendrán otra oportunidad. El PP, entre tanto, recurre ante el Tribunal Constitucional el matrimonio entre homosexuales. Y así seguimos. (¿O se prefiere hablar de los Presupuestos Generales recién aprobados? Para el PSOE, equilibrados y sin derroches. Para el PP, avecindados en el despilfarro). En cuanto al nuevo Estatuto catalán, las espadas siguen en alto. Nadie sabe si habrá acuerdo, en un momento en el que CiU hace de ERC, y viceversa. Rajoy dice que hay «un riesgo real de fractura nacional» y Aznar ya habla de «cambio de régimen». Zapatero, imperturbable, transmite tranquilidad. Ante esta situación, serían deseables mayores acuerdos y menos tensiones.