SI HACE unos días fue el vicepresidente del Parlamento europeo Alejo Vidal Cuadras quien pronunció un importante discurso clarificador, ahora ha sido Mariano Rajoy quien, invitado por la hospitalidad de La Caixa catalana, ofreció a un auditorio barcelonés de cerca de millar y medio de personas, su valiente, bien fundamentada y lúcida opinión sobre la situación internacional, la deriva española en general y catalana en particular, las oportunidades y amenazas estratégicas de futuro, e incluso se atrevió a nombrar la bicha de la famosa opa, declarándose a favor de la competencia y los derechos de los consumidores. Con cierta ironía histórica por el evidente cambio de papeles, Rajoy ofició de Francesc Cambó, el embajador de la antigua Cataluña civilizada, educada y pragmática en la ya tópica pretérita España paleta, embrutecida y apesebrada de nutricios presupuestos oficiales. En verdad, resulta paradójico que en el siglo XXI sea el principal representante de la denostada derecha española el que tenga que ofrecer lecciones de inteligencia y cosmovisión, de uso de la razón, de promoción de la sociedad civil y sus valores, a la hoy acomplejada comunidad catalana, que gracias a una ideología destructiva de los derechos humanos, las libertades públicas y el progreso moral y económico como es el nacionalismo, está a punto de naufragar y hacernos naufragar al resto de España. Tras los comportamientos del PSOE pilotado por Zapatero y del PSC de Maragall y Montilla, que parecen lamentablemente perdidos para la estabilidad democrática y para la causa de España, sólo queda una organización política importante que defienda la convivencia, la igualdad y el progreso común en libertad. Desgraciadamente para los ciudadanos, el actual PP con todas sus luces y sombras, que son muchas, es casi lo que queda de la España constitucional. ¡Y está en la oposición!