NO SE me va de la cabeza el atentado del pasado miércoles en el barrio de Kadimiya, en Bagdad, que causó 114 muertos y 162 heridos. Un terrorista suicida acudió a una plaza en la que se congregaban obreros de la construcción en busca de empleo y se dedicó a atraerlos hacia su vehículo con promesas de trabajo. Cuando ya estaba rodeado por centenares de personas, hizo estallar los 220 kilos de explosivos que ocultaba en el coche. Resultado: el segundo atentado más sangriento desde el supuesto final de la guerra de Irak. ¿Qué explicación se nos da? Que fue un ataque de la red terrorista de Al Qaida (que dirige al Zarqaui) contra los chiís, en respuesta al ataque estadounidense contra la insurgencia en Tal Afar, al norte del país. ¿Alguien entiende algo? Entre tanto, yo recuerdo de nuevo el atentado. Y otra vez «veo» la plaza del barrio de Kadimiya, de mayoría chií, llena de gentes humildes que buscan un salario para sustentar sus hogares. Y «veo» al terrorista que los convoca regocijándose de su éxito. Y «veo» a las tropas estadounidenses e iraquíes entrando a sangre y fuego en Tal Afar. Y percibo la dimensión inclemente del absurdo y de la barbarie. Y «veo» que lo que realmente tenemos ante nuestros ojos es una guerra civil.