EL BOLERO que más se tararea en política es aquel que dice: «Échame a mí la culpa de lo que pase...». Cuando se produce la alternancia en el poder, el que entra pasa un par de años culpando al que se fue de los problemas. Llega un día en que el estribillo se le acaba, como empieza a ocurrirle ahora a Zapatero, y entonces se le echa la culpa a la oposición. El presidente Touriño acusó ayer del retraso sonrojante que arrastran las obras del Eje Atlántico ferroviario a los gobiernos de Aznar. Lleva razón. Y eximió a Zapatero de culpa. Y ahí ya no la tiene. El Ejecutivo del PSOE ha gastado hasta junio de este año en el tramo Vigo-A Coruña menos de la mitad de lo que se pagó a las constructoras en el 2004. A las culpas se les pueden poner porcentajes (85% de Cascos y 15% de Magdalena, por ejemplo), pero no eximir a los tuyos para sólo culpar a los otros.