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13 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.EL boxeo es violencia. Pero es una gran metáfora de los palos que da la vida, que nos garantiza a todos unos cuantos golpes contra la lona. Ahora Russell Crowe se luce como Cinderella Man, el cuento de la cenicienta en chico. Narra la biografía alucinante de Jim Braddock. La película, como muchas sobre el ring, es estupenda. Muy bien Zellweger y Giametti. Tiene las frases a navaja del cine de antes como cuando un empresario contesta: «El corazón lo utilizo con mi familia, y la cabeza y los huevos en los negocios». Entre los jabs, crochets, uppercuts y swings, uno recuerda a Kirk Douglas en El ídolo de barro (49), a Newman como Rocky Graziano en Marcado por el odio (56). Por supuesto, a De Niro como La Motta en Toro Salvaje (80). O a Bogart como agente de prensa del Toro Moreno en Más dura será la caída (56), poco antes de morir de cáncer. Houston mezcló boxeo y alcohol en Fat City (72). Aunque uno de los primeros que lo bordó como boxeador fue John Garfield en Cuerpo y alma (47). El ring vuelve. Tras Eastwood y su Million Dollar Baby, este Ceniciento, algo maniqueo, pero emotivo hasta la lágrima. Como aquel Campeón (80), con Jon Voigt y Faye Dunaway, que incluía niño rubio en almíbar. cesar.casal@lavoz.es