COMO GALLEGO que soy, mi preocupación por la opa que presentó Gas Natural sobre Endesa es exactamente cero. Gas Natural ya era catalana cuando se hizo con nuestro mercado. Y Endesa, que en modo alguno es gallega, jamás diseñó sus estrategias en función de nuestras necesidades. Por eso creo que Reganosa va a depender de estas operaciones en la misma forma y medida en que dependía antes, como una suculenta candidata a ser vendida y repeloteada al mejor postor -sea catalán, polaco o coreano- cuantas veces le convenga a sus socios propietarios. Como español y europeo sigo con sumo interés los avatares de la opa, porque es en esos ámbitos y dimensiones donde se dirime el pulso entre los grandes competidores y las estrategias más audaces. Pero no seré yo el que se rinda al discurso poético-nacionalista para librar batallas serodias , o para calificar como estratégica una empresa privada que juega sus cartas en un mercado libre y abierto a todo el mudo. Hubiese sentido sumo placer si los capitales gallegos hubiesen apostado por la creación de grandes y modernas empresas. Y más me hubiese alegrado si nuestras Cajas e instituciones financieras tuviesen políticas tan clarividentes y eficientes como tuvo La Caixa, hasta convertir a Barcelona en un centro neurálgico de las decisiones empresariales. Pero si sólo tengo que valorar los planes energéticos, la calidad y garantía de los suministros, y el coste real de la energía que consumo, me da exactamente igual pagarle la factura a Endesa, a Reganosa, a Gas Natural o al sursum corda . El peligro que representa para Galicia el predominio energético de Gas Natural es el mismo que representa para Cataluña el dominio de Inditex sobre el textil. Y habiendo llegado a la conclusión de que tal peligro no existe, todo mi problema se reduce a preguntar dónde estaban nuestros empresarios, nuestro dinero y nuestros estrategas políticos y económicos cuando se creó el marco empresarial que controla la energía. Así que, menos lamentos mohicanos, y más preguntas sinceras sobre quién controla y cómo se orientan los flujos de nuestro ahorro raquítico y minifundista. La opa no nos hace ni daño ni beneficio. Lo que nos hizo daño fue el clientelismo político, el conservadurismo financiero, la incuria empresarial y la pasividad del pueblo. Por eso creo que Touriño y Quintana - per modum unius- están equivocando el discurso. Porque nuestro problema no proviene de que nos agredan, nos expolien o nos ninguneen, sino de que en términos empresariales somos un cero a la izquierda, y de que, mientras en Cataluña estaban creando Gas Natural, nosotros estábamos haciendo prospecciones petrolíferas fuera de Ons. ¡Vaya ridículo!