El Estado de papel

| MARÍA ANTONIA IGLESIAS |

OPINIÓN

LA ESPERADA «cumbre» sobre la financiación de la sanidad, en la que los responsables autonómicos deberían demostrar, eso, que son responsables, ha venido a poner en evidencia que los acumulados males y dolencias del Estado del bienestar, no hay sanidad que los remedie. Anda el Gobierno central agobiado de tanto hacer cuentas que no le salen, de tanto proponer propuestas que nadie acepta, de sugerir impuestos que nadie quiere imponer, mientras los «lehendakaris» andan aquejados de esquizofrenia, echando también sus propias cuentas y calculando la respuesta, no en función de las cuentas, sino en directa relación al color político de cada quien. Esto es, de cómo se las van a componer los dirigentes autonómicos socialistas para no poner a Solbes en más aprietos, y los demás, de cómo barrer para casa lo más posible y, al mismo tiempo, no darle a Solbes ni agua. Todo, como ven, en directa relación a lo que les importa a los responsables autonómicos el estado de la sanidad, que está en estado de bancarrota aunque sea, que lo es, una de las mejores de Europa. Que, precisamente por ser una de las mejores de Europa, se vienen de sus países superdesarrollados un montón de ciudadanos europeos que han descubierto el chollo del turismo sanitario y eso no hay presupuesto que lo aguante. Lo realmente grave es que mientras el Estado hace cuentas imposibles de hacer, nadie cae en la cuenta de que el pobre Estado ha perdido los papeles, o sea la capacidad de controlar la situación de ese algo tan difícil de controlar como es el llamado Estado del bienestar, y perdón por esta terminología tan antigua y tan subversiva, pero es que una ya no tiene remedio, ni interés por tenerlo, a estas alturas del partido. O sea, que el Estado es, en realidad, un estado de papel. Al menos en lo que a la Sanidad se refiere, el Estado es que no tiene papel, o no rasca bola, como prefieran, que ya desde hace mucho tiempo que las competencias de Sanidad están transferidas, o lo que es lo mismo que, a la hora de planificar la Sanidad, el Estado pinta menos que la Tomasa en los títeres, que decía mi madre. Y si no que se lo digan a Elena Salgado, la ministra «del ramo» que está hasta las narices de tanto llevar el ramo de un lado para otro, total para nada. Bueno, que no sigo porque me ha dicho mi jefe que no vaya larga hoy. Pero también porque como siga me va a dar un ataque de centralismo y jacobinismo que voy a dejar corto al mismísimo «bellotari» de Extremadura, que a veces se pasa, pero a veces es que tiene más razón que un santo. ¿Se imaginan ustedes que acabemos por desmantelar el Estado del bienestar, que no se atrevió ni Aznar, y nos tuviésemos que conformar con el capitalismo compasivo ese que tanto le gusta al simple de Bush?