TENGO para mí que Justine , por excelencia la obra maestra literaria del siglo XVIII, es una altísima creación del espíritu en su más lúcida vertiente: la de reconocerse uno mismo en lo que menos le gusta. Sin embargo, mal podría imaginar su autor que algunas de las ideas por él sostenidas -entre otras, que el «amor griego» es el vicio que abre la puerta a todos los demás, y de eso sabía un rato largo- concitarían ahora persecución mediática y social, aunque, paradójicamente, por razones muy ajenas a la apología del libertinaje que tan caramente pagó Donatien Alphonse François, conde de Sade, más conocido como le Marquis de . Los nuevos censores de la disidencia son los heraldos de la ya muy fatigosa y socorrida corrección política, que en Galicia se especializaron en denostar a don Manuel Fraga Iribarne cada vez que hizo gala de criterio propio y libertad de espíritu. Vayan, por tanto, en honor de don Manuel estas líneas. Lo confieso sin rubor, Fraga Iribarne empezó a caerme francamente bien cuando una heteróclita cofradía de intelectuales tres cientos suscribió un manifiesto por sus declaraciones sobre el «caso» Pinochet, las parejas de hecho y el prólogo de un libro sobre la Shoa. ¿Tan deleznable fue el uso que hizo Fraga de la libertad de expresión como para merecer esa gregaria ramplonería? Veamos. Si Fraga Iribarne desaconsejó el juicio, en España, de Pinochet, lo hizo siguiendo el sentir inmensamente mayoritario del pueblo chileno al respecto, que era el mismo que el de Fidel Castro, muy admirado por casi todos los manifesteiros de marras. Por otra parte, prologar un libro no significa aceptar en bloque su contenido; conocidos intelectuales judíos de izquierdas -G. Cohn-Bendit, N. Chomsky, C. Kernouah, etc.- adoptaron parecida postura en el sonado asunto de los revisionistas de la Shoah, acaecido en Francia hace años, en el que estaban implicados Thion y Faurisson. En fin, las parejas de hecho del mismo sexo son, con cansina frecuencia, apaños oportunistas que establecen relaciones de quita y pon sin tener siquiera la gracia y el encanto de lo maldito, sin el aura redentora que confiere el olor a azufre de los herejes perseguidos y de los ángeles caídos. Recordemos la arrogancia retórica de Luis Cernuda, su aguachirle matrimonial , que, sin embargo, en sucesivos amancebamientos, fue la reina de las marujas con delantal y escoba. Fui bujarrón de los de tatuaje, bigote, cuero, fusta, arete en la oreja y zapatitos de chúpame la punta mientras estuvo semiprohibido, pero ahora que está bien visto me voy a dedicar a la zoofilia. Seamos sinceros, ¿todos los que criticaron a Fraga, si fallecieran y dejaran hijas/os menores aceptarían que, de ser niñas, fueran adoptadas por una pareja de lesbianas o, siendo niños, por una de travestís? ¿Sí? Bueno, pues Fraga y yo no. Frente a lo que se columbra, deseo de todo corazón que don Manuel viva muchísimos años más y prosiga en la irreverencia suministrando toda la caña que pueda a los pijoprogres , intelectuales orgánicos de la izquierda galaicoportuguesa y de las JONS (Jamás Olvidamos Nuestras Subvenciones). Y dado que el combate continúa, sépase también que me considero discípulo moral de Fraga y, de sobrevivirlo, pienso seguir inoculando en la juventud el vicio de la disidencia, en la senda intelectual de Sócrates, contando como hubo un tiempo en Galicia en el que algunos hombres libres decían muy incorrectamente lo que pensaban. Cuando vivía don Manuel...