Stop, xenofobia

| YASHMINA SHAWKI |

OPINIÓN

01 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

¡ATENCIÓN, a partir de ahora cuando quieran cruzar por un paso de peatones, redoblen las precauciones! Además de asegurarse de que los vehículos se detienen para dejarle pasar, procure no irritar a ningún conductor, no vaya a ser que tenga un mal día y se líe a tiros con usted, tal y como acaba de pasar en Tortosa. El martes pasado, un obrero marroquí cometió el terrible error de enfrentarse a un miembro de esa casta que se cree superior, denominada neonazi, es decir, a un macarra de pacotilla con una estética trasnochada y un comportamiento que en poco difiere al de los hombres del Neanderthal, dicho sea de paso con todos mis respetos por nuestros antepasados homínidos, y acabó en el depósito de cadáveres con varios disparos en el cuerpo. Acostumbrados a ser exportadores de mano de obra, el fenómeno migratorio de trabajadores poco cualificados provenientes del Magreb, del Este de Europa y Sudamérica nos ha cogido un poco descolocados a los españoles, de tal manera que no sólo hemos permitido una invasión de ilegales con ganas y necesidad de trabajar honradamente sino también la llegada de facinerosos. No mejora la imagen de los foráneos la sucesión de detenciones a grupos organizados de extranjeros que se dedican a cometer todo tipo de delitos en España, entre los cuales podemos destacar, por ser la más reciente y llamativa, la de unos delincuentes que llevaron a cabo, en una sola hora, cuatro atracos a hoteles de alto nivel y a un local comercial de Madrid. Si a eso añadimos que la necesidad más extrema empuja a los inmigrantes a aceptar trabajos en condiciones inaceptables para los españoles y que, muchos de ellos, sobre todo los de confesión musulmana, se niegan a integrarse, conservando unas costumbres y una estética discriminadora para las mujeres, ya tenemos el caldo de cultivo ideal para las agresiones de matones racistas. Para evitar que proliferen es preciso redoblar los esfuerzos impidiendo su proselitismo y castigando cualquier crimen xenófobo con la máxima dureza que permita la ley. La sociedad española quiere y puede convivir en paz, con respeto e igualdad pero, para lograrlo también es preciso que los extranjeros se esfuercen en la integración cultural sin renunciar a su identidad.