LA VERDAD, resulta cuando menos, llamativo. Si no fuera porque sabemos que se quieren con locura y si no fuera porque nos dicen que estas cosas no tienen mayor importancia, más que llamativo diríamos que el caso resulta tan ridículo como preocupante. Pero como nos creemos eso de que están unidos como una piña y plenamente identificados con Galicia, vamos a dejarlo en un mero desajuste, producto de la corta experiencia de convivencia. Al vicepresidente Quintana se le ha ocurrido establecer un salario para ayudar a las mujeres maltratadas en su desgracia. Y se le ha ocurrido también llamarle «salario de la libertad» y decir que pretende poner fin a la longa noite de pedra , de las mujeres gallegas. Bueno, pues esta decisión que nos ha parecido bien a casi todos los que poblamos el país, a algunos parece haberles sentado como un tiro. Ya sabemos lo complicado que es reunir unanimidades en esta Galicia nuestra, pero lo que resulta difícil de entender es que las pegas las pongan precisamente los únicos que no deberían de ponerlas. Los compañeros de viaje de Quintana, que no son otros que los socialistas. Una de ellas, Laura Seara ha afeado la conducta del vicepresidente con un tirón de orejas en público, recomendándole que se informe porque peca de ignorancia en estas cuestiones. Ya decimos que el rifi-rafe no tiene mayor importancia. Porque ni Quintana tiene por qué ser un especialista en mujeres maltratadas, ni Laura Seara tuvo la ocurrencia, que pudo haberla tenido, de utilizar el teléfono y decirle al vicepresidente en privado lo que le dijo en público. Así que vamos a dejar la cosa en un simple desatino, producto de la bisoñería en el poder. Aunque, eso sí, si no fuera porque sabemos lo mucho que se quieren y lo mucho que se admiran, diríamos aquello de pronto empezamos.