La prueba del fuego

| X. A. VÁZQUEZ-ANTELO |

OPINIÓN

Presuntos vampiros. Agentes del Seprona detuvieron ayer a un individuo cuando prendía fuego a unos arbustos en Chandrexa de Queixa. ¿Considerará el juez probado que, efectivamente, el detenido quemaba el monte o, como tantas veces, se quedará en presunto criminal? Los montes no tienen cámaras. La seguridad de las casas rurales y de sus cultivos es una seguridad colectiva, cívica. Pero el campo pierde uso y habitantes y se queda sin las piezas del entramado social que daba la alarma, combatía la catástrofe y perseguía al antisocial. En el monte, casi siempre solitario entre la plantación y la tala, la ausencia de ojos aun es peor. Probar el delito seguirá siendo la pata coja de la lucha contra los incendios.