«CUANDO un monte se quema, algo suyo se quema... señor Conde». Algunos de ustedes recordarán aun el lema publicitario con el que el tardofranquismo quiso hacer frente, en sus inicios, al problema de los incendios forestales... y, quizá, también, el chiste creado a su costa por El Perich , el mejor humorista de la época. Un chiste que, más allá de su chispa indiscutible, indicaba bien, a las claras, la mala compresión de amplios sectores de la opinión pública española sobre la auténtica trascendencia de un fenómeno que sólo entonces comenzaba a mostrar su cara trágica: el de la destrucción de nuestros montes por el fuego. De hecho, hoy ya a nadie se le ocurriría bromear con los incendios forestales a costa de que los montes quemados sean del Conde o de Juan Pueblo, porque los montes (los privados, los vecinales o los públicos) pertenecen, en tanto que reservas naturales, a todos y cada uno de nosotros. Y es que desde que nacemos, venimos al mundo con una especie de cuota ecológica personal e intransferible que tenemos la obligación de conservar y, en lo posible, acrecentar, para transmitirla a nuestros hijos. Cada vez que un monte arde, arde con él algo que ya sólo el tiempo conseguirá recuperar. Por eso hacer frente al problema de los incendios, que hoy vuelven a asolar Galicia de norte a sur y de este a oeste, constituye nuestra más urgente prioridad como país. Nadie le quitará la razón al conselleiro Suárez Canal cuando afirma que luchar contra el fuego es muy difícil si el tiempo es seco y caluroso y los incendios numerosos. Eso era ya así cuando lo decían los responsables del PP y en realidad lo único que llama la atención de las palabras del nuevo conselleiro es que haya conseguido, en tan pocos días, entender desde el Gobierno lo que al parecer no fue capaz de comprender desde la oposición en muchos años. El auténtico problema es que lo que está aconteciendo este verano pone de relieve que algo debe fallar en la política forestal cuando, tras tantos años de lucha contra el fuego, volvemos a estar rodeados por las llamas. Quienes hoy están en el Gobierno se cansaron de criticar, desde la oposición, probablemente con motivos, unas actuaciones que ponían, según ellos, el acento mucho más que en la prevención en la extinción y que carecía de los elementos de coordinación indispensable para ser efectiva de verdad. Es obvio que el ejecutivo de Touriño no podía hacer otra cosa, por ahora, que mantener el operativo ya previsto. Después del verano será el momento de afrontar otro programa de actuaciones contra el fuego: de su éxito dependerá, en no pequeña medida, el de la nueva Xunta de Galicia.