PRIMERO Paco Rodríguez, después su correligionario Anxo Quintana, han planteado la conveniencia de que el Ejecutivo central se lo piense y, a renglón seguido, abandone Afganistán. Benditos sean quienes tienen tan claras cosas que otros no somos capaces de resolver acelerada y resolutivamente. Me interesa y preocupa más lo que subyace en el fondo, el enfrentamiento que según algunos se registra entre PSdeG-PSOE y BNG, socios en la Xunta. Opinan así gallegos del común, comentaristas... no dirigentes de la oposición. ¿Se sabe dónde está el Partido Popular de Galicia desde que se inició el cambio en la Xunta? Me parece no sólo legítimo sino positivo que discrepen en aquello que no están de acuerdo; especialmente si no son cuestiones de su competencia, que no lo son en este caso, si nos limitamos a los políticos autonómicos. Habrá que pedirles, sin embargo, que se esfuercen para conciliar posiciones y defiendan, de hecho, soluciones para la educación, la agricultura, el turismo o la promoción de la lengua. No me sorprendería que buena parte de las bases socialistas estuvieran en este punto de Afganistán más de acuerdo con el Bloque que con sus propios líderes. Como no resultaba extraño -salvadas todas las distancias- que una mayoría de militantes y votantes del PP, se mostraran en su día en contra de la participación en la guerra de Irak, propugnada por el partido. Por el contrario, no siempre las coincidencias plenas entre los socios de gobierno han de ser consideradas de antemano como positivas. Vista la segunda tanda de nombramientos de altos cargos, llega uno a dos conclusiones. Primero, que en el país gallego no debe haber políticos fuera de las aulas universitarias, en las que ejercían como profesores la inmensa mayoría de los nuevos directores generales y altos cargos. Y segundo, que no sabemos si Pérez Touriño viene a gobernarnos o a implantar un gran servicio de Extensión Universitaria en Galicia. Que al menos los políticos de raza discrepen, incluso entre ellos.