AYER terminó una cuenta atrás en Gaza y se inició otra hacia nadie sabe donde, no por un principio generalizado de incertidumbre sino porque en Palestina e Israel los pragmatismos son siempre oscuros, y los realismos siempre se muestran menos sujetos a la evidencia que al oportunismo allí donde las oportunidades no se manifiestan tanto por si mismas cuanto por el que esté dispuesto a aprovecharlas. Benjamín Netanyahu, ministro de Finanzas con Sharon, y antiguo primer ministro de Israel, dimitió en plena cuenta atrás, dando margen para la suposición de que estaba dispuesto a liderar la protesta de los colonos más extremistas ante la desconexión de Gaza. Pero cuando se esperaba que el dimitido encabezara la gran manifestación de esa protesta, el encartado se encontraba en Estados Unidos. Netanyahu es un político brillante y algo altivo para el gusto israelita, pero también es tan marrullero y correoso como resulta lógico ante un conflicto que acumula en el pellejo todas las cicatrices del rayo. Las protestas del colono desconectado tienen escasa resonancia en Israel, y nada podía apetecer menos a Natanyahu que verse al frente de una protesta aislada de la sociedad y que le hubiera restado apoyos para su plan de desplazar a Sharon en el liderazgo del Likud frente a las próximas elecciones generales que tendrán lugar el noviembre del año próximo. Esa es su oportunidad real. No la de la queja del colono, sino la de que algo de esa cuenta que ahora se inicia le salga mal a Sharon, tan marrullero y correoso como él. En Palestina no han sido muchas las oportunidades ni ha habido cosa alguna de la que sacar provecho. Ahora, con Gaza, si hay algo. Y lo hay hasta el punto de que algún colono está dispuesto a quedarse, adquirir la nacionalidad palestina y organizar frente al mar un emporio turístico que consuele la nostalgia de quien recuerde Beirut. La gente emprendedora nunca se aleja demasiado de la visionaria, y no puede estar mal hacer planes para la paz donde tantos se han hecho para la guerra. Esos planes para la paz son también la oportunidad de Hamas con vistas, sobre todo, al plazo más corto, el de las elecciones generales en Palestina, a celebrar el 21 de enero próximo, a las que Al Fatah se presenta con todo el halo vicioso de la corrupción que lleva treinta años poniendo en práctica y que no es lo más atractivo para el casi millón y medio de palestinos dispuestos a trabajar por y para el desarrollo económico. En la perspectiva de esa oportunidad, Hamas tiene la posibilidad de convertirse en su propia alternativa, aminorar su prontitud para la lucha armada y aprovechar el prestigio de su integridad social y honestidad económica en beneficio de un perfil político que le resultaría muy rentable. ¿Vería Mammud Abbas con buenos ojos semejante conversión, por mínima que fuera? Abbas ve con buenos ojos cualquier cosa que lamine a una organización como Al Fatah, sabiendo que si no he ha pegado un tiro ha sido porque no ha podido. Quien lo vería con muy buenos ojos sería su hombre fuerte, Dahlan, antiguo jefe de seguridad de Gaza y muy suelto en sus contactos con todos los servicios de inteligencia habidos y por haber.