15 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.
Altares laicos. Ramón Sampedro ya tiene su campo de las estrellas. No lo ha descubierto Teodomiro, sino Amenábar. Ya sea porque se busca lo espiritual fuera del templo o porque el cine y la televisión crean su santoral ateo, el calvario costero del suicida se ha convertido en ruta de peregrinaje. Sampedro-Bardem. No es todo homenaje a la lucha del tetrapléjico; también está el romanticismo de pisar los escenarios en los que Bardem estaba tan impresionante y en los que había tanto amor. Felicidades, en todo caso, a estos peregrinos; los pétalos de rosa no contaminarán aquellas playas, libres aún del reggaeton y de la moto de agua.