Israel e Irán: los buenos y los malos

OPINIÓN

10 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

ES EVIDENTE que el uso de la energía nuclear tiene que ser pactado a nivel internacional. Y, dado que en esta materia nos jugamos la supervivencia de nuestra civilización, no debería haber obstáculos para que la ONU, administradora legítima de ese hipotético pacto, castigase con duras sanciones a los que lo incumplen. Pero, para que un acuerdo internacional sea reconocido como norma legítima, hay que exigir que el trato sea igual para todos, y que a todos se aplique con idéntico rigor. La ley no admite excepciones, ni teóricas ni prácticas. Y por eso resulta inútil un modelo de control que hace la vista gorda con los fuertes, y con los amiguetes de los fuertes, mientras calca la mano a los que tienen petróleo que usurpar y a los que no se pliegan a las estrategias unilaterales de los Estados Unidos. El caso de Irán es flagrante. Mientras se arma con bombas nucleares a Israel, y mientras Pakistán y la India prueban sus misiles en la mayor impunidad, a Irán, susceptible de ser invadida para poner un gobierno prooccidental e instalar media docena de bases americanas, se le quiere coartar, de forma preventiva, la investigación orientada a la producción de energía nuclear. Mientras los rusos y americanos bordean las fronteras de Irán protegidos por horrendos arsenales nucleares, capaces de destruir el mundo siete veces, a los iraníes se les pide que pasen por ventanilla y compren a precio de oro la tecnología que necesitan. Y mientras se olvida el caso de Corea del Norte, porque está en área de influencia china y hace mangas y capirotes con las bravatas de Bush, a Irán se la amenaza en varios frentes, como si no hubiese más soberanía que la que otorga el Pentágono de forma caprichosa. Líbreme Dios de defender el armamento nuclear y todo lo que huela a guerra. Y líbreme también Alá de defender a políticos como Ahmadineyad, que mezclan sutilmente los intereses del Estado soberano con las actitudes de un Estado gamberro. Lo único que defiendo es un nuevo orden internacional basado en la ley y en la igualdad, en el que sólo sea imponible y sancionable lo que obliga por igual a todo el mundo. Lo demás no es inteligente ni eficiente, y sólo alienta la idea de un mundo injusto en el que los fuertes abusan de los débiles. En la lógica de Bush, lo inteligente es armarse y pelear por todo y de cualquier manera. Y casi me alegro -¡que Dios y Alá me perdonen otra vez!- de que alguien le pare los pies a los matones de siempre y ponga en evidencia su alocada carrera hacia el control militar y económico del mundo. Porque esta película de buenos y malos ya la hemos visto muchas veces. Y al final siempre hay una guerra que esta vez perderemos todos.