DE SOL A SOL | O |
08 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.MENOS MAL que el tiempo ha empezado a empeorar (si se entiende por tal la llegada de lluvias, nieblas y brisas refrescantes). Menos mal. Porque la voracidad de los veinte mil incendios que se registran cada año por estas fechas, y que suelen dejar casi medio millón de hectáreas de superficie quemada, le ponen a uno los pelos de punta. Y se los ponen especialmente si pasa cerca de uno de esos siniestros o contempla desde una ladera cómo se calcina la de enfrente. Un viaje por Ourense el pasado sábado me resultó lamentablemente ilustrativo. Incluso cerca del Parador de Verín se alzaban unas llamas que, por fortuna, fueron rápidamente sofocadas. Las cifras son escalofriantes. Recuérdense las 13.000 hectáreas arrasadas en julio en Guadalajara. Recuérdense también las promesas políticas de todos los años para ponerle remedio a un mal tan devastador. Y recuérdese la propia realidad de que, a pesar de todo lo dicho y hecho (poco), la situación no ha hecho más que empeorar en los últimos treinta años. Claramente, es la hora de emprender acciones preventivas que nos alejen de esas cifras, que retratan cada año una catástrofe. Es obligado hacerlo. Entre tanto, muchos recibiremos el mal tiempo con buena cara. Por no ver esos incendios.