¡Qué calor!

OPINIÓN

07 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

NI LOS MÁS antiguos del lugar recuerdan un verano así. Algunos mariñáns de pro, empiezan a decir que «tarda la llegada del invierno». Aquí somos así, temerosos del calor, cofrades de la lluvia y el viento húmedo del nordeste. Agosto supone la responsabilidad de elegir, cada día, la playa a la que ir a correr, tumbarse con la prensa o bañarse finalmente en aguas transparentes que desconocen los vertidos propios del Mediterráneo. Cerca del puerto fenicio de Bares, la playa de la Concha, desde la que se puede soñar con la silueta de A Coelleira, reducto templario entre las rías del Sor y el Landro. Al atardecer merece la pena buscar el baño del sol en la mar por el poniente desde la Estaca de Bares, pero parándose a preguntarle al torrero del faro más al norte de nuestra Península por sus últimos paseos submarinos a la búsqueda de galeones; después, cena en el Semáforo, donde un castillo de señales se ha convertido en posada del peregrino que busca las mejores perspectivas de las rías del Cantábrico. A la mañana siguiente, a la playa del Caolín; a babor del muelle de Vicedo. Blanca y recóndita cala, protegida por las viejas fábricas de salazón, donde el baño parece sacado de las escenas de un naufragio feliz. Buen lugar para conversar sobre el futuro de Galicia, que, con el verano, ha puesto en manos del cambio el timón del poder. Supongo que algunos se quedan sin vacaciones, como los vigías de nuestra costa. A ellos corresponde hacer un presupuesto que dote lo preciso para que, mejor pronto que tarde, notemos otra manera de gastar al servicio del bienestar y el desarrollo. Por el contrario, los cesantes disfrutan de vacaciones antes de reincorporarse a la vida civil de la que proceden y a la que trataron de volver con privilegios consolidados en los minutos basura del anterior Gobierno. Buscando el faro de la Roncadoira, por el concello de Xove, baño de tarde en Portocelo, calas de abrigo para un puerto natural que supo de ballenas. Buen lugar para un fin de semana con trabajo del despacho, y así cumplir la orden dada por el presidente de todos los gallegos sobre la verdad de las decisiones tomadas a última hora por los que se iban, tanto de San Caetano como de San Lázaro. Concesiones de obras y conciertos con clínicas privadas. Pero, no teman. A Maruxaina de Os Farallóns, con la ayuda del faro de San Ciprián, guiará a nuestros nuevos patrones de singladura pública.