Una lección de hipocresía

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

02 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

ES DIFÍCIL seleccionar un hecho que refleje mejor la hipocresía que preside las relaciones internacionales que la insólita reacción de nuestras democracias ante la desaparición del sátrapa que gobernaba, a título de rey, Arabia Saudí. Causa estupor contemplar como Bush, Blair o Chirac glosan la figura del tirano, causa asimismo rubor leer los eufemismos con que la prensa internacional califica ese régimen despótico; pero la decisión del gobierno socialista español de decretar un día de luto oficial por la muerte de semejante personaje supera todo lo imaginable, y sólo puede producir rechazo e indignación. ¿Cómo es posible que los adalides de la democracia en el mundo puedan avalar un régimen feudal en el que los derechos humanos están proscritos, la discriminación de la mujer es aberrante y las desigualdades sociales, abismales? Pues sencillamente porque Arabia Saudí es el principal exportador de petróleo del mundo y, sean cuales sean las innovaciones en el sistema productivo, el oro negro seguirá siendo en los próximos treinta o cuarenta años la principal energía primaria. Además, los activos de esta petro-monarquía se invierten en Occidente y los ingresos obtenidos por esas inversiones son con frecuencia más importantes que la propia renta del petróleo, pero su evolución depende, obviamente, de la situación de las economías occidentales. Este hecho, como se comprenderá fácilmente, limita drásticamente la libertad política de los Estados productores de petróleo, en el discutible supuesto de que alguno tuviese veleidades de independencia. Así pues, el pretendido mensaje democrático de Bush y Blair -coartada para la invasión y ocupación de Irak- se compagina mal con la defensa de regímenes autocráticos como el Saudí, todavía peores que el de Sadam en lo referente a las condiciones de la mujer y el respeto general a los derechos humanos. Claro que explicar y justificar la política de EE. UU. y Gran Bretaña en el Oriente Próximo, en razón de sus valores democráticos, significa prescindir del hecho esencial de que nunca ha habido correspondencia entre las libertades existentes en Occidente y el sistema de pillaje, opresión y barbarie avalado por éste de puertas afuera. A través de las guerras de Afganistan, Irak o del conflicto palestino-israelí, EE. UU. no persigue la implantación de regímenes democráticos, sino el control, durante los próximos años de la famosa «elipse estratégica de la energía», el área que se extiende desde la península arábica hasta Asia central. Todo lo demás, retórica para incautos.