Claude Simon

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

26 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

MURIÓ casi en silencio, por deseo propio. Murió en los primeros días de julio uno de los grandes de las letras galas: el Nobel, del 85, Claude Simon. Tenía 91 años. Había nacido en Madagascar, de padres franceses. Fue un hijo del siglo XX. Merece un recuerdo por autor de grandes obras del llamado nouveau roman, nueva novela, y por combatir junto a la República en España y contra Hitler en Francia. Estuvo en un campo de prisioneros en Sajonia. Nunca hay motivo para matar. Las Geórgicas es su libro más conocido. En el texto está el absurdo y la sangría de la guerra. Sus párrafos no terminan nunca. Hijo de la fotografía, sus obras no tienen argumento. Manda la descripción, el enredo de la mente. En sus inicios, El tramposo, Simon copió a Camus, el escritor que llevaba la gabardina y el pitillo como Bogart. Su experiencia en la guerra incivil española la contó en El palacio. El primer ministro Villepin respetó su voluntad de discreción y sólo dijo: «La literatura francesa ha perdido a uno de los grandes». Con 88 años, publicó El Tranvía (en España, en Seix Barral), con recuerdos de infancia y vejez. La vida vista como un viaje de tranvía entre dos paradas, la de abrir los ojos y la de cerrarlos. cesar.casal@lavoz.es