Comparaciones

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

NO FUIMOS nosotros los que sacamos a relucir el Prestige a propósito del incendio de Guadalajara. Fue Zaplana. Tampoco se nos hubiera ocurrido hablar de los protocolos que se siguieron aquel 13-N para evitar la catástrofe. Lo hizo Zaplana. Ni, por supuesto, creemos que cada vez que a este país lo sacude un desastre, haya que echar la vista atrás para lavarse la conciencia. Aunque Zaplana sí lo cree. Pero ya que el logotipo del PP ha tenido la ocurrencia de recuperar las amargas jornadas del chapapote, vamos a ello. Aunque no encontremos similitud alguna con las que estos días se vivieron en Guadalajara. Porque, dejando al margen el drama de los fallecidos, estamos comparando un hecho real con uno virtual. El incendio existió. El Prestige , no. Fue un invento de los gallegos que siempre tuvimos la mala costumbre de quejarnos de vicio. Recordemos que así nos lo echó en cara el Anterior, desde Roma. El incendio lo han asumido los Gobiernos central y autonómico. La vicepresidenta fue abucheada y maltratada sólo horas después. La consejera Arévalo acaba de irse para su casa. Y, que se sepa, nadie estaba de cacería, ni trató de apagar el fuego con el teléfono móvil. En el caso del Prestige , seguimos esperando que alguien diga que erró en sus planteamientos. Sólo eso. Que digan que se equivocaron. Y que vinieron tarde. Y que nos ultrajaron porque dijimos que esto era un drama. Y que nos lo digan desde Madrid. Porque ellos tenían, en Fomento, las competencias de lucha contra las catástrofes marítimas. Pero siguen como el primer día, resistiéndose. Así que si cada vez que en este país se mueve una hoja miramos al pasado, no nos va a quedar tiempo para hacer otra cosa. Y, lo que es peor, podemos acabar todos desquiciados y majaretas, partiéndonos las caras. Estilo Rafael Hernando.