Mangados

| JUAN J. MORALEJO |

OPINIÓN

PASA DE castaño oscuro la estadística de accidentes de tráfico y vienen medidas para que sepamos lo que vale un peine en cuanto nos saltemos la norma de seguridad y de prudencia. Vean que a lo de saber lo que vale un peine le sobra fuerza expresiva para que sepamos que se nos ha caído el pelo y ya no vamos a necesitar el peine. Ni vamos a necesitarlo ni tendríamos con qué comprarlo porque las multas de Tráfico llevan camino de ser una expropiación que rebañe lo que Renta y Patrimonio dejan atrás. Da gusto la alegría con que cualquier baranda encaramado en la poltrona pone ceros a la derecha y no sé si en algún caso para parche de que él y su gestión tiran a cero a la izquierda. Bueno, se me estaba despistando el objetivo de hacerles ver que con saber lo que vale un peine o que se nos ha caído el pelo sobran estilo, énfasis y educación para ahorrarnos lo de «¡la he cagado!» que el poeta lírico actualmente encargado de Tráfico nos proponía para que saludásemos el feliz momento de irnos al arcén con el carnet en la boca y los euros ya asomando. Tiquismiquis de frases y estilos aparte, nos hace falta una buena vuelta y media y no tanto de multas y sentencias sobre la ya hecho, y tantas veces ya irremediable, como de educación intensiva en lo que no se debe hacer porque no o porque no está el horno para bollos. Ejemplo de horno que no está para bollos excesivos: la autopista espléndida entre Coruña y Santiago deja de ser espléndida entre Santiago y Padrón y tira a cutre entre Padrón y Pontevedra y entre Rande y Vigo. Pero la autopista rebosa fittipaldis, cantamañanas y desaprensivos que tienen la medianera entre Santiago y Padrón más rascada que los flancos del perro con más pulgas que imaginarse pueda. A servidor, que no peca de lento, le adelantan tres de cada cuatro y a velocidades que explican de sobra el rascallú general de la medianera. Dicen y no niego que la vía rápida del Barbanza tiene tales y cuales muchas deficiencias de construcción que propician accidentes, pero lo que no dicen es que en esa vía rápida los mangados e insensatos son legión y no aprenden nada de la repetición necesaria de los mismos accidentes en los mismos sitios y por las mismas razones. No aprenden que aquello tiene más de vía que de rápida y que hay que bajarse los humos y meterse donde sea y como quepa el pie de darle caña al acelerador. Hace un par de años, en una tarde de temporal brutal quise ir a Vigo por asuntos académicos, pero en Padrón me di la vuelta porque era el Día Nacional del Loco en medio de cortinas de agua y de absoluto encharcamiento a la calzada. Yo iba a modiño en mi tanque, ejemplo clásico de estabilidad y seguridad, pero me echó de la autopista el enjambre de mangados que zoaban sin siquiera haberse enterado de que llovía. Y esto es lo que hay, en seco y en mojado, todos los días, además de que tal curva o tal cruce estén hechos con los pies y tendría que ser la Administración la primera responsable de cuanto accidente ocurra en ellos.