10 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.
SI GALICIA ha triplicado en los tres últimos años el uso de la energía solar pero sigue en los últimos lugares de España, cabe imaginar dónde estábamos antes. Cuando los precios del petróleo han pasado ya de las nubes y se acercan a la estratosfera y no parece probable que se bajen de ahí -el despertar de China y la India amenaza muy directamente el sopor europeo mecido por un bienestar en riesgo-, todo lo que no sea una apuesta rotunda por la energía renovable suena a suicidio a medio plazo. Para eso hacen falta, además de ayudas, planes concretos y, en el caso de la energía solar, información directa al ciudadano sobre las ventajas de una alternativa que sigue viendo, por desconocida, como algo exótico.