¡CÓMO te entendemos, Londres! Hace quince meses, un jueves como ayer, nos pasaba algo parecido. Sólo nos diferencia el número de víctimas. Pero los asesinos ponen en sus bombas la misma intención: matar mucho, matar de forma desaforada, de forma indiscriminada, hacer que todo el mundo se sienta inseguro frente a su voluntad criminal, crear pánico ciudadano, imponer su ley del terror. Ayer lo volvieron a conseguir. Volvieron a marcar en el calendario otra fecha para el recuerdo: el 7 de julio, que se une al 11-S y a nuestro 11-M. Londres había sido avisada periódicamente de la amenaza terrorista. Cada poco tiempo, los servicios policiales y los medios informativos recordaban el peligro. Y ayer hemos desempolvado una vieja grabación del otoño del 2003 atribuida a Bin Laden que amenazaba a los países de la coalición que había invadido Irak. Lo hacía en estos términos: «Responderemos en el lugar y el momento oportunos». El lugar nunca es cualquiera. Hasta ahora siempre ha sido una gran ciudad, que es donde mejor se puede provocar el caos. Y el momento nunca es casual. En España, tres días antes de unas elecciones generales. En el Reino Unido, al día siguiente de que Londres fuera elegida sede de la próxima Olimpiada. Hay una maldad diabólica en la planificación de estas matanzas. Siegan vidas y, en el caso británico, quieren mandar varios mensajes. Uno, para decir que pueden cortar una alegría colectiva cuando se lo propongan. Otro, para demostrar que, por mucha prevención policial que exista, tienen una enorme capacidad de hacer daño. Y el tercero, coincidente con el anterior, para comunicar que nadie se puede sentir plenamente seguro mientras quede un terrorista dispuesto a matar. Quizá no había una ciudad más alertada que Londres por el terrorismo islamista. Desde hace mucho tiempo se la considera un objetivo prioritario de los «soldados» de Al Qaida. Y, sin embargo, consiguen burlar todos los sistemas de seguridad. Ellos siempre están más en estado de alerta que quien debe impedir sus atentados. Hago esta última anotación porque ahora comenzará otra vez la psicosis de la prevención. Rodríguez Zapatero la inició en nuestro país con el solemne «he ordenado al ministro del Interior la máxima alerta». Está bien, pero no vale activar los mecanismos de seguridad cuando ya han estallado las bombas. Esos mecanismos tienen que estar activados siempre, porque los terroristas están siempre conspirando. Es su trabajo: planificar el crimen y, como había avisado Bin Laden, tenerlo preparado para «el lugar y el momento oportunos». Y ese momento llega justamente cuando hacen más daño, como en Londres; pero, sobre todo, cuando se descuidan la vigilancia y el control.