FRAGA ha matizado sus palabras: no es que vaya a liderar la oposición, sino que está en disposición de hacerlo. Pero aceptaría, disciplinadamente, cualquier otra encomienda de su partido, por ejemplo pedir limosna para un fin benéfico. Cuando escribo no se sabe todavía que Mariano Rajoy, que fue la sombra del de Vilalba en la última fase de la campaña, hasta oscurecerlo, vuelva a sus andadas diciendo que para ese fin recaudatorio-caritativo se pide para él la puerta de la catedral a la salida de misa de doce. Y es que en esta España autonómica y cuasi federal, el pez grande, el pez del Retiro madrileño, se come al bravo pez chico de las aguas del Atlántico. Lo hizo Rajoy con Fraga y ahora lo hace José Blanco con Pérez Touriño. Cuando el que se postula como presidente de la Xunta había pasado como sobre ascuas sobre la reclamación de Quintana en torno a la deuda histórica, el secretario de Organización del PSOE asegura que le parece bien la demanda nacionalista en este punto, porque Galicia tiene un déficit de infraestructuras y desarrollo acumulado -dice, como parece ser su obligación- en los ocho años de gobierno popular. Touriño tiene peso incluso para condicionar la agenda de la Conferencia de Presidentes. Algo que le confiere importancia, ¡ahí es nada, Madrid pendiente de fijar la fecha de esa Conferencia en virtud de lo que pase con la toma de posesión del líder socialista gallego en la Xunta! Ese peso específico, esa fuerza, no parece ser suficiente para detener la lengua del lucense José Blanco, que con alguna frecuencia, y en este momento crucial quizá sea más grave, no viene a subrayar las tesis de quien va a presidir el Gobierno gallego, sino a hacer que prevalezca su opinión anticipada. Mal asunto, mal comienzo para Touriño, con Blanco por arriba y Anxo Quintana colocándose a su nivel, parece que más ágil y rápido políticamente que él, van a dejar al sucesor de Fraga en la Xunta en un tono grisáceo que no resulta el más propio para iniciar la andadura...