Touriño presidente

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

ES EL EFECTO Celta, pero al revés. Por negarse a aceptar la dura realidad de su desalojo, el PP de Galicia acaba de sufrir, en sólo ocho días, su segunda derrota. Y, por no agarrarse a la dignidad de una minoría mayoritaria, que sabía a colosal victoria, Fraga Iribarne acaba de recibir el golpe de gracia donde menos lo esperaba, en aquellos países en los que su demagógica actitud de presidente batió récords absolutos de asistencia, de aplauso y de empanada. Además de mantener inamovibles los resultados obtenidos por la izquierda en la noche del 19-J, los gallegos residentes en el extranjero acaban de certificar un resultado histórico, que, al mostrar un mayor dinamismo que el voto interior, obliga a recomponer gran parte de los análisis realizados hasta la fecha. A pesar de la política clientelar desplegada por la Consellería de Emigración, y a pesar de los caritativos viajes organizados para controlar y vincular políticamente a las comunidades gallegas más necesitadas, todo indica que nuestros emigrantes en América y Europa se han olido la tostada mucho antes que aquí, y, en un vuelco espectacular de sus preferencias electorales, remacharon en términos cualitativos la derrota que los gallegos de aquí no le habíamos infringido en términos cuantitativos. Ni estaban tan desinformados como parecía, ni vendieron su voto por un plato de lentejas, sino que, conscientes de lo que significa bienestar, desarrollo y dignidad, contribuyeron a terminar con una fórmula política que estaba agotada y que enseñaba, allá por ultramar, su cara más criticable. Eso no quiere decir que el voto CERA no deba ser corregido. Y sería una primera decepción que, creyéndose que ahora le favorece, Pérez Touriño no hiciese lo posible por limpiar y dignificar un censo que estos días fue vapuleado y ensuciado por los mismos que fueron sus principales beneficiarios. El camino de Touriño hacia Raxoi ha quedado expedito por obra y gracia de los gallegos residentes en Argentina, en Venezuela, en Francia, en Suiza y en muchos otros países. Pero ahora es imprescindible que el PP renuncie a marear la perdiz, a mantener recursos inútiles, y a intentar deslegitimar una victoria de la izquierda que, si fue exigua y tristona en la noche electoral, se ha convertido en brillante y significativa en los escrutinios del CERA. PSOE y BNG tienen en sus manos un reto de enormes proporciones. Su victoria, ya indudable, parece encaminada a provocar reformas estructurales que van mucho más allá de un simple cambio en la nomenclatura de la Xunta. Nosotros, gallegos de aquí y de allá, ya hicimos nuestro trabajo. Ahora sólo nos queda ayudar y vigilar. Porque eso es la democracia.