El Gobierno de la renovación

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

HAY QUE SUPONER que el PSdeG y el BNG son plenamente conscientes de la responsabilidad que han adquirido, de la magnitud de los desafíos a los que deben enfrentarse y de las expectativas que el resultado electoral, ya irreversible tras el recuento del voto de los emigrantes, ha generado dentro y fuera de Galicia. Es lo que cabe esperar, desde luego, de dos fuerzas políticas maduras y de dos líderes con dilatada trayectoria y experiencia políticas. En todo caso, formar y consolidar un gobierno de coalición entre dos partidos con perfiles políticos diferentes es, y ha sido siempre, una tarea compleja. La primera prueba de fuego que han de superar las dos formaciones de la izquierda gallega consiste en acreditar capacidad para formular un programa común de gobierno, indispensable para garantizar la estabilidad, eficacia y coherencia del nuevo ejecutivo. Pero, obvio es decirlo, un programa de gobierno no es una simple declaración de intenciones ni un desiderátum, sino un proyecto en el que se definen prioridades, instrumentos y plazos, en el que existe, en fin, plena coherencia entre medios y fines. Esta condición, en todo caso previa a cualquier reparto de responsabilidades de poder, aunque necesaria puede ser insuficiente para asegurar la estabilidad del gobierno. Para ello es preciso, además, que las dos fuerzas políticas destinadas a dirigir conjuntamente el país sean consecuentes con la voluntad popular expresada en las urnas. Así pues, Quintana debe asumir sin reservas que los ciudadanos otorgaron la dirección del cambio político a Pérez Touriño, y éste debe comprender que el BNG no es un mero apéndice del PSdeG, sino un componente relevante del gobierno, respaldado por el 20% del electorado y cuyo concurso, también por voluntad ciudadana, es imprescindible para sacar adelante todas y cada una de las medidas programáticas del nuevo ejecutivo. Estoy convencido de que ambos líderes políticos conocen perfectamente la influencia que un proyecto político estable, eficiente y predecible tiene para la seguridad de los ciudadanos y, por tanto, para el desarrollo económico y social. La importancia de la estabilidad política en la secuencia del desarrollo nunca podrá exagerarse. No existe hoy un país con un gobierno estable y honesto que no tenga una situación razonablemente satisfactoria de progreso económico. Y existen muy pocos de los que, sin un gobierno de este tipo, pueda decirse lo mismo. Ésta es una enseñanza de la historia.