EL JEFE de Gobierno autonómico vasco elegido con los votos de etarras y comunistas autóctonos ha jurado lealtad al roble de Guernica. Lucía como un novio pueblerino puesto de limpio que no merece salir en el Vogue . Mucho catolicismo integrista, mucho racismo xenófobo, mucha pía tradición clerical, pero luego, a gobernar gracias a tales votos. Vivir para ver. Probablemente al pobre don Sabino le daría un pasmo de lo que son capaces de hacer sus retoños con tal de apesebrar presupuestos y manipular las conciencias. Eso sí, su roble es puro roble vasco, diferente de los astur galaicos de bellota, con perdón, pedunculada como se sabe. Sin conexión moral, cultural ni filosófica por tanto con el árbol sagrado de Zeus. Un Olimpo mítico distinto y distante que no tiene un Virgilio que lo cante. Y para la ocasión no ha llevado una hoz de oro para recoger el muérdago, la rama dorada, como hacían los antiguos sacerdotes celtas. Y es que el señor del bosque, el espíritu del roble, mora en el muérdago, y mientras éste se mantuviera intacto, no podría morir. Se cierra un ciclo: Zapatero es jefe de gobierno gracias a un terrible atentado terrorista aún sin aclarar aunque, ¿se acuerdan? seguimos queriendo saber, pues no nos merecemos un Gobierno que miente . Rompe luego el Pacto Antiterrorista y legaliza a los neobatasunos etarras. La asamblea vasca es controlada por los etarras. Y éstos eligen a Ibarreche como jefe de Gobierno de todos los vascos y vascas, de modo que les pague los servicios prestados. Talante por aquí, talante por allá, pasen y vean el eterno retorno. Vuelta a empezar. Peor que ayer, pero un poco menos que mañana. Mas Zapatero no es la dulce Norma, ni menos canta a la casta diva, ni se nos va a arrojar a la pira propiciatoria. El tal Ibarreche, cruel e impropiamente, le dice que «Roma no paga a traidores». Y es que le ha puesto los cuernos: con terroristas y comunistas autóctonos de bellota no pedunculada. Y el muérdago sigue sin Virgilio que lo cante.