FUE LA SEMANA de Tony Blair, con su brillante intervención del jueves en Bruselas, donde se presentó como un «apasionado europeísta» dispuesto a liderar la modernización de la Unión Europea. Su posición fue clara: «Necesitamos una Europa social, pero que funcione». Y, por si quedaba alguna duda, añadió: «Díganme qué tipo de modelo social es ése que tiene 20 millones de desempleados en Europa, una tasa de competitividad que sigue perdiendo terreno frente a Estados Unidos y que genera menos científicos que la India», con sólo dos de las veinte mejores universidades del mundo en su territorio. Frente a esta realidad, Blair propone invertir en conocimiento y perfeccionamiento, en políticas laborales activas y en ayudas a las pequeñas y medianas empresas, porque considera que eso es hacer una política social moderna, sin tanta regulación y protección al empleo «que salve algunos puestos de trabajo a corto plazo a costa de perder muchos en el futuro». Es el mensaje de su famosa y discutida «tercera vía», que tan buenos resultados ha cosechado en el Reino Unido. Es su receta social-liberal, que busca equilibrios que otros desdeñan o tienen por imposibles. Cuando el francés Valery Giscard d'Estaing presentó en Salónica (Grecia) el proyecto de Constitución europea, dijo que era el primer gran paso hacia la unión política, y se?enorgulleció de haber logrado conciliar, en quince meses de intensos debates, muchos criterios y sentimientos encontrados. La Constitución, se nos aseguró por entonces, había logrado neutralizar la tensión entre países grandes y pequeños, entre federalistas y partidarios del Estado-nación, entre atlantistas e hipereuropeístas, etc. Y la clave había estado en la relativa facilidad con la que se lograron acuerdos en principio difíciles, como la ruptura del equilibrio de poder entre Francia y Alemania. Pero el tiempo pasó y los pueblos francés y holandés rechazaron tales maravillas. ¿Por qué? Según Blair, porque no se adaptaron los ideales europeos a la realidad actual. ¿Y quién puede negarle la razón, a la vista de la crisis que él mismo ayudó a fraguar? El tenaz líder de la «tercera vía» ha tomado el timón y tiene la palabra. Será interesante escucharlo.