RUBALCABA anunció en vísperas electorales un gobierno socialista para colmar las ansias de saber del pueblo. Sería la alternativa de cambio al mentiroso saliente. Después Zapatero puso a los sabios a trabajar; parieron un inocuo dictamen sobre el futuro de la televisión, y ahora ha llegado el momento de la verdad. Prisa, el grupo mediático más importante de España, la madre de todas las batallas políticas de este país en almoneda, tendrá su canal de televisión a la carta. Todas las demás regulaciones son asunto menor. Qué importa que al director de la TVE lo nombre el Ejecutivo reforzado con su mayoría parlamentaria y que se inmiscuya a los sindicatos en el control de la caja tonta. Seguirá perdiendo audiencia y dinero como un insaciable agujero negro al servicio de la vanidad de los necios. Lo que cuenta es la fuerza combinada de prensa, radio, televisión, editoras y productoras de toda índole. Prisa es el único grupo que se atreve a denostar falazmente a otros medios de comunicación; es también la cantera de los estrategas de los actuales canales públicos y también la espada de Damocles de cualquier ciudadano en cualquier circunstancia. Zapatero le premia su imprescindible y decisivo apoyo para consagrarlo como el rey del talante, frente a la demonización de sus competidores como los culpables de los males de la patria. Mi reino a cambio de un ciudadano Kane, sopesó el presidente accidental; no ha dudado ni un instante. Los progresistas, la izquierda en general, verán reforzada su visión políticamente correcta de la marcha de la historia, en la que figuran como vanguardia oficial de la razón. Incluso los conscientes del ventajismo mediático lo ven como un mal menor frente a una estereotipada oposición, simplificada como españolista, meapilas, montaraz, trincona e intransigente. Pero el maniqueísmo sólo funciona desde la pereza mental. Hay alternativas, otras vías humanas e intelectuales, otro caminar en la vida posible más allá del adoctrinamiento. Nunca sabremos lo que podemos llegar a ser y a pensar -individual y colectivamente- si privilegiamos un nuevo Gran Hermano, más sutil e interiorizado que el de Orwell, que imponga lo blanco y lo negro como los únicos colores posibles en el escenario público o privado. Como tenemos que ganarnos la vida atendiendo las demandas productivas, cotidianas y sencillas, de los demás, necesitamos que otros nos ayuden a vernos como somos desde la profesionalidad y el rigor, sin manipulaciones ni distorsiones. Sin un panorama plural y competitivo de medios de comunicación no habrá democracia real, careceremos del presupuesto básico de la opinión fundada en la información construida con veracidad y no podremos pensar más que lo que quieran que pensemos. Es el desiderata del nuevo pensamiento único. Y esta vez nos llega desde la aparente inanidad del talante abierto y deliberativo. Hay que volver a las trincheras de la resistencia. Quizás esto sea el eterno retorno.