No será como en Madrid

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

CONVENCIDOS de que la Xunta es su hábitat natural, y de que la llegada de Touriño presagia horrísonos desastres, algunos dirigentes del PP están despertando el fantasma de la Asamblea de Madrid. Después de perder en Galicia la batalla de las urnas, diseñaron una estrategia de defensa numantina que cuenta con tres recintos y una ciudadela. La primera retirada fue hacia la provisionalidad del resultado, como si una probabilidad de uno sobre cien les diese la titularidad moral del escaño de Pontevedra. El segundo recinto lo están defendiendo ahora mismo, con la intolerable siembra de sospechas sobre un sistema que nunca pusieron en duda, porque les favorecía, y que ahora llenan de polvo, porque no saben si les va a resolver su problema. El tercer recinto serán los recursos administrativos contra las mesas en las que no ganaron, para que su salida de Raxoi tenga ciertos visos de ilegitimidad que endulcen la travesía por la oposición. Y por último les queda la ciudadela, cuya esencia consiste en decir que van a provocar el caos en la investidura y forzar, al mejor estilo Aguirre, la repetición de las elecciones. Pero no será así. Porque la chapuza de Madrid no la produjo el PP, que estaba al borde de la mayoría, sino un inocentón dirigente del PSOE que, convencido de que estaba predestinado para la Puerta del Sol, propició una maniobra política y parlamentaria que sólo podía favorecer a Esperanza Aguirre. Lo que sucedió en Madrid fue que, sin más base que una opinión pública conducida por las tertulias de la radio, se dejó transcurrir el tiempo necesario para la disolución automática de la Asamblea, sin obligar al partido ganador, que era el PP, a intentar la investidura o a renunciar expresamente a ella. Si todo se hubiese hecho correctamente, la presidenta de la Asamblea no podría perpetrar la evidente irregularidad de no encargar la investidura a quien debía intentarla y a quien la tenía asegurada en la segunda votación. Y por eso deberíamos estar ahora en una situación en la que, gobernando el PP en clara minoría, el candidato Simancas podría presentar una moción de censura y reclamar lo que, en buena lógica democrática, le pertenecía. Pero, como prefirió jugar al todo o la nada, la suerte le trajo lo que se buscó. Galicia es una autonomía con mucha experiencia e historia, y nadie va a jugar con las instituciones con la simple disculpa de un tránsfuga -que no lo era- comprado con ladrillos de oro. Si el PP gana su escaño 38, gobernará otra vez. Y si queda con 37 sólo hay dos alternativas: o Fraga en minoría, o Touriño en mayoría. Lo demás son juegos de villa y corte, que tienen poca cabida en la bruma del Finisterre.