Elecciones a la gallega

| X. ÁLVAREZ CORBACHO |

OPINIÓN

SON LAS NUEVE de la mañana del domingo 19 de junio. Comienzo a escribir el artículo semanal -como todos los domingos- que entrego al periódico al día siguiente. En general, escribo artículos de contenido económico, con especial atención a la actividad desarrollada por las administraciones públicas gallegas, pero hoy la actualidad manda y comentaremos los votos y resultados parciales del proceso electoral. Por eso debo parar. El escrutinio final determinará también el título del artículo, que podrá ser: más de lo mismo o nuevo ciclo político, según ordene y mande la voluntad popular. Finalizo, pues, esta breve introducción. Huele a mar y la mañana es luminosa en O Grove. Son las once de la noche del domingo 19 de junio. Se conoce ya la distribución de los votos en Galicia, pero se ignora el resultado final y por tanto quién ganó. Queda el recuento del voto enigmático de la emigración. La provincia decisiva es Pontevedra y el día clave será el lunes 27. Se manejan discursos, expectativas e ilusiones diversas, pero seguimos confusos e ignorantes. Me acosté abrumado por ese es no es que caracteriza al ser y al comportamiento colectivo del país. Habrá que modificar el título del artículo. Las campanas del reloj de la catedral de Santiago otorgan melancolía y misterio a esta noche espesa y calurosa. En las elecciones autonómicas del 2001, el Partido Popular consiguió 41 escaños y el 51% de los votos emitidos. Ahora, el tándem PSOE-BNG recibe el 52% de los votos, tiene sólo 38 escaños y sufre además la incertidumbre del voto emigrante. En el primer caso, nadie cuestionó el sólido respaldo social del PP y la legitimidad de su gobierno autonómico. Ahora debería suceder lo mismo, lo que implica reconocer el apoyo social otorgado (70.645 votos más que los obtenidos por el PP en el 2001), así como la legitimidad política del nuevo gobierno, sin escuchar a su vez expresiones como precario, lastimoso, catastrófico, inútil o separatista. Pero la desorientación sigue marcando el tiempo electoral gallego. Las encuestas acertaron poco porque dicen que aquí se miente con naturalidad, las radios y televisiones deseaban comprender qué estaba pasando, como los expertos y tertulianos, pero dominaba el susto y el razonamiento circular. A los partidos políticos les fallaba la respiración y todos fuimos a la cama desconociendo si ganamos o perdimos. Y pensamos en los emigrantes con afecto, pero también con la sospecha de que algo no funciona bien. Porque no es razonable que un emigrante que desconoce ya el país, que ignora los problemas y prioridades de la sociedad gallega, que no paga impuestos y que se trata además como mercancía electoral transitoria, decida sin garantías procesales el gobierno de Galicia.