Cuco, merlo

| UXÍO LABARTA |

OPINIÓN

20 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

LA NORMALIDAD ha imperado en las elecciones gallegas. La de los ciudadanos y la de los partidos políticos. No la de las predicciones demoscópicas. Y en esa normalidad transcurrió el día y la noche electoral. Veinticuatro horas después del resultado provisional de las elecciones, a la espera del voto de residentes ausentes, Galicia se configura como un país normal. La sociedad gallega mantiene la tendencia iniciada en las municipales del 2003, la misma en la que abundó cuando las generales de 2004 y remacha ahora. Incluidas las tendencias que fortalecen el triunfo del cambio en las ciudades. Encuestas y predicciones aparte, no eran unas elecciones de fácil resolución para el electorado gallego. Un presidente fuertemente identificado con la autonomía y con una determinada visión global de Galicia, por más que sobre su candidatura pesara el desgaste de 16 años de gobierno y un partido con problemas, tenía -como se ha demostrado finalmente- muchas oportunidades de aguantar en la confrontación. Aun cuando se haya producido un amplio cambio generacional en el electorado, una fuerte ampliación del voto progresista ya en las elecciones del 14 de marzo, y una campaña de explícita asunción de un gobierno de coalición tanto por parte socialista como nacionalista. Los deseos se confunden con realidades, y uno tampoco está libre de ello, pero cierto y verdad es que a día de hoy el Partido Popular tiene un fuerte descenso, y el conjunto de la izquierda y el nacionalismo lo supera en cien mil votos emitidos. Aun confundidos por la demoscopia, no debiéramos olvidar que el peso desigual que tiene, en la representación parlamentaria, un voto de Lugo y Ourense frente al de A Coruña o Pontevedra, lima las diferencias. Y la incertidumbre en el voto de residentes ausentes prolonga en diez días la resolución del proceso electoral y deja en la incertidumbre el futuro gobierno. Pero ello no impide que los resultados sean, a día de hoy, de una claridad meridiana: los gallegos, en su normalidad democrática, optaron por el cambio. Los partidos políticos también han asumido esa normalidad y el resultado electoral. El cuco que oía Víctor Freixanes en la mañana de ayer cantaba raro. Pero cantaba. Quizá en la mañana del 27 cante o merlo.