Pederastia criminal

X. A. VÁZQUEZ-ANTELO

OPINIÓN

Una descarga recorre el espinazo y se queda en las yemas de los dedos cada vez que la maldad humana desciende a la sima de lo impensable. Ahueca el estómago hasta el vértice de la náusea. Hasta que la fe en la especie humana se yergue de nuevo. Maltrecha. Calor. El dolor de una madre privada para siempre de la risa de su niña de dos años es infinito. Sólo la ternura de sus próximos y el afecto de todos podrá sacarla del agujero negro y frío en el que se halla. La sociedad tiene la obligación de defenderse de las alimañas. Sin venganza, pero el asesino de la chiquilla de Narón no debe abandonar la prisión ni un minuto antes de cumplir su condena. Información