Exámenes de julio

| JUAN J. MORALEJO |

OPINIÓN

16 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EL CLAUSTRO de Vigo se me ha quedado corto, además de que me coge empezando a estar a piques de hacer mutis y en otra Universidad. El Claustro de Vigo podrá anticipar a julio los exámenes de septiembre, con protagonismo y vanguardia en romper con una tradición escolar y universitaria que nos viene de Roma y sus patricios, que tenían otium , que en griego se decía scholá : ocio y escuela son sinónimos, patrimonio y privilegio del que no tiene que dar el callo para comer él y para que a cuenta de él coman los que reservan ocio y escuela para dedicarse a las artes liberales , opuestas a los oficios serviles , es decir, las obligaciones de los siervos, el curre. Bueno, iniciado el rollo futrosófico, habrá que llevarlo hasta el final con el recuerdo de que el curso de septiembre a junio nos viene de que en el Mediterráneo, donde Europa empezó a ser culta y leída, los calores del verano achicharraban las mejores ansias de enseñar y de aprender, por muy liberales y placenteras que fueran las artes en danza. Era el momento de vacar yéndose al campo o a la costa. Cuando la enseñanza se extendió a otras latitudes y otros climas, por supuesto que nadie hizo ver que se podría alargar el curso y acomodar la vacación a la que tenían otras ocupaciones. Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da no se quita. En todo caso se añadieron Navidades y Semana Santa, que el paganismo griego y romano no habían tenido ocasión de disfrutar. Yo creo que la Universidad de Samil, Canido, Baiona, Cíes, Rodeira¿ hace bien y requetebién en hacer finiquito en julio de las cuentas pendientes de su alumnado. No hay apuntes, por tocho que sean, que se resistan a una memoria joven y virgen y a un maratón de insomnios, lo que en mis tiempos era un buen centraminazo , para liquidar antes del 15 de julio los flecos del 15 de junio, y es una crueldad repugnante que entre 15 de julio y 15 de septiembre las playas viguesas y de cualquier latitud no puedan adornarse con esa marea viva de lozanía que atiende por el nombre de juventud universitaria. Más todavía, si a 15 de julio vuelve a quedarnos algún fleco, recapacitemos que, con 20 años que tenemos y papá al loro monetario, no hay prisa ninguna y lo prudente será rebobinar la materia en un nuevo curso, entero y pausado, para asimilarla de verdad, como nuestros profesores y nuestros papás desean, pues una carrera en ocho años queda mejor asentada que en cinco. Y ya vendrá luego el máster, y ya vendrán las posaderas y los codos para el temario de la oposición y ya vendrán las mil trécolas en las que la Alma Mater y Vita Pater se nos queda triste y sola, triste y llorosa¿ aunque no tanto como nosotros, que enseguida recordaremos los años de estudiantes echando mano de aquel dibujo de Castelao con el cocho en ocio y en engorde y el borrico que se asoma a la tapia del corral y le dice «¡Qué boa vidiña, se durase!». Créanme: me aburre tanto poner, vigilar y corregir exámenes, que tienen mi voto para fulminarlos.