FRAGA es don Manuel y punto, mi querido amigo. Aspira a gobernar Galicia por quinta vez. Varó a todos los delfines y se sucedió a sí mismo, como el mejor postor. ¿Para qué cambiar de coche cuando el que tienes todavía parece que tira, a pesar de las miles de millas? Es catedrático y político profesional desde hace mucho. Fue embajador en Londres, con bombín. Le quedó el traje de raya diplomática, el fajín y la puntualidad. Se bañó en Palomares, el meyba, recuerdan, y en Perbes, todos los veranos. Fraga no es aburrido. En su cabeza cabe un Estado y una biblioteca. Es como una versión del google para los datos. Pero, a veces, se pasa de original, de frenada. Para muchos gallegos encarga la figura del padre, un fenómeno fenomenal. Para otros es la negra sombra del poema de Rosalía de Castro. El pueblo hablará el 19-J. Vende que, tras él, el abismo, os tolos y el terrorismo. El abismo llegará a su partido con tanto delfín fosilizado en tiburón. Es enemigo difícil de batir, al dominó y en las urnas. Se ha pateado Galicia como pocos y es un profundo conocedor de la geografía humana de este país. Está hecho de madera de boj, estoy como un toro, dice. En galego, estou coma un buxo. cesar.casal@lavoz.es