LA PRENSA ha despachado su fallecimiento, a finales de mayo, con una mínima nota: «Fallece en EE.UU. la oceanógrafa Ángeles Alvariño». Pues bien, la doctora Ángeles Alvariño nació en 1916 en Serantes, Ferrol. Residía en los Estados Unidos, donde estaba considerada como una de las más prestigiosas científicas del mundo. A los tres años ya leía y aprendía solfeo y piano. En 1933 consigue el título de Bachiller por la Universidad de Santiago con sobresaliente y matrícula de honor. Luego enfilaría sus estudios por la carrera de Ciencias Naturales. Sus primeras investigaciones las llevó a cabo en el Instituto Español de Oceanografía de Vigo, especializándose en el estudio del zooplancton. Su impresionante currículum académico y su dedicación al trabajo la hicieron merecedora de un espacio en la web Women Tech World, poniéndola como ejemplo de mujer de éxito en la ciencia y la tecnología. Dice así: «Las mujeres han contribuido enormemente en el campo de la investigación de pesquerías internacionales y de su gestión. Nacida en España en 1916, Ángeles Alvarino fue una niña inteligente y curiosa, que habitualmente exploraba la biblioteca de su padre y disfrutaba especialmente sus libros de historia natural (Saari and Allison 1996). Completó su formación en 1941 y enseñó durante siete años hasta aceptar un puesto en el departamento de Pesca en Madrid. Aunque el Instituto Español de Oceanografía oficialmente no admitía mujeres, Alvariño dirigió investigaciones y estudió oceanografía allí. La calidad de su trabajo convenció a sus superiores para admitirla en 1950. En 1956, ganó una Fulbright Fellowship para investigar en el Instituto Oceanográfico Woods Hole en Massachusetts. La presidenta del primer congreso oceanográfico de los Estados Unidos, Mary Sears, impresionada con su obra, la recomendó para ocupar un puesto en el Instituto Scripps de Oceanografía, en La Jolla, California. En 1970, Alvariño entró como bióloga pesquera en Centro Científico de las Pesquerías del Sudoeste, una división del recien creado Servicio Nacional de Pesca Marítima. Fue la primera mujer en servir como científica en un buque de investigación británico. Desde su jubilación oficial en 1987, ha continuado con su trabajo, añadiendo aportaciones al acervo científico sobre el zooplancton». Estos días, por aquí, todos prometen planes para evitar la fuga de cerebros, y planes para lo que haga falta. Pero la triste realidad es que nada hay que hacer mientras se le siga dando más importancia al esguince de un muchacho de Gran Hermano que al fallecimiento de, probablemente, la más importante científica gallega de la historia. Cierto que la ciencia es universal. Pero si algún día alguien hace algo equivalente a las Letras Galegas dedicado a los científicos gallegos, que ese alguien anote este nombre: María de los Ángeles Alvariño de Leira. No sería un mal comienzo.