19-J: Por primera vez todo está claro

OPINIÓN

¡CÓMO que todo esta claro! Pero, ¿no indicaba ayer la encuesta de Sondaxe con que La Voz abría su serie de sondeos que el 45% de los gallegos no sabe o no contesta qué votará el día 19? Así es: eso decían ayer los bruxos de Sondaxe y no hay motivo alguno para que yo -¡pobre de mí!- dude de sus siempre atinadas predicciones. Lo que sucede es que la existencia de un alto porcentaje de indecisos cuando se abre en Galicia una campaña electoral no supone ninguna novedad: constituye ya, muy por el contrario, un componente estructural de la sociología electoral de los gallegos. Podríamos decir, pues, que todo está claro para que los indecisos sepan por primera vez a qué atenerse. Está claro, en primer lugar, que el PP puede perder las elecciones y que, las perderá, sin remisión, si una parte significativa de esa masa de indecisos, que fueron en su mayoría votantes populares en las elecciones del año 2001, se queda en casa y/o transfiere su voto al PSdeG o al BNG. Sobre eso no cabe llamarse a engaño: los indecisos del PP tienen en su mano el nombre del próximo presidente de la Xunta. Un puesto ese al que optan en realidad dos candidatos y no tres, siendo esa la segunda cosa clara como el agua. El día 19 decidimos los gallegos si damos la mayoría absoluta al Partido Popular para seguir al frente de la Xunta o se la damos a la oposición para que haga presidente al candidato socialista. Quintana, pobriño, cuenta todos los días lo que hará cuando ocupe el lugar de Manuel Fraga, pero lo hace sólo por exigencias del guión. Pues sabe el líder del BNG que si las cosas le van bien podrá aspirar a la vicepresidencia (lo que no es moco de pavo para él), pero que el puesto de presidente será para Touriño... si no termina siendo para Fraga. Por estar claro, está claro, en fin, que el cambio de mayoría, si llega a producirse, no será desde luego un cambio de régimen -como, dejándose llevar del entusiasmo, han apuntado algunos medios-, pero sí un cambio de sistema. El régimen (autonómico-federal y democrático) seguirá, por fortuna, siendo el mismo. Pero el sistema de gobierno, determinado hasta ahora por un fuerte liderazgo interno en el partido del Gobierno y por su sólido apoyo parlamentario en la Cámara gallega, cambiaría de forma radical. Tendríamos, así, en Galicia un gobierno de coalición socialista-nacionalista, aunque de neta hegemonía socialista. Ello significaría pasar del ordeno y mando a la negociación permanente de todos los asuntos. Del gobierno de la Xunta al del Parlamento de Galicia. Y del de la monocefalia al de una cierta bicefalia. Pasar, por hablar de cosas conocidas, del modelo Fraga al modelo Zapatero.