TORRES más altas han caído. En los últimos repliegues del miocardio siempre tuve la anhelante sospecha de que cualquier día, incluso el menos pensado¿ Y así fue: debí de portarme muy bien, requetebién, en estos últimos tiempos porque me llevaron a una tienda del asunto y salí con un móvil molón, superchuli, fetén. Y la familia pasmó con mis habilidades para, a la media hora de movilizado, ya saber enviar un mensaje. Sigue en pie que el utilísimo invento no me va a ser nada útil en los vericuetos a los que me lleva el vicio en Tambre, Eume, Deva y otros lugares que tienen la mejor cobertura que pueden tener: la de la mano de Dios, que los hizo hermosos y retirados, para gentes con gana esforzada de llegar hasta ellos y dejar las ondas y los piticlines para peor momento Me movilizaron y vive Dios que a las cuarenta y ocho horas ya tuve un par de gozadas de las que tengo que dar gracias al Ulla por tener cobertura en sus cotos de Couso y Ximonde, a donde fui en delirium tremens de que algún salmón fuese tan paranoico como para ser mi compañero sentimental. Mallaba el río desde un penedo un servidor, insular en Couso, peninsular en Ximonde, y tenía cobertura para que dos hijas me alegrasen la tarde con llamadas de alabí, alabá, alabín bumbá, mi padre, mi padre, mi padre, pescará... Con salmones sin móvil no hay nada que hacer. Pero vamos a lo que vamos: el soniquete con que el móvil debe sonar, grave cuestión de gustos y criterios. Por ejemplo ¿qué pinta en un concierto con el allegretto de la Séptima Sinfonía de Beethoven un tío que olvidó desconectar el móvil y nos aterroriza con un soniquete o piticlín de El sitio de Zaragoza ? -¿Le ponemos el Aserejé ? -Señorita, un respeto. Soy intelectual de vanguardia europea. Y, como decía mi abuela, ¡aún somos alguien! -¿Le mola Yesterday ? -¡Claro que me mola! Una belleza que quién se la diera a Mozart y que yo no quiero putear rebajándola a soniquete, como hicieron los del Teatro Real en Madrid con el rondó del Concierto de violín de Beethoven para murga avisadora de que se reanuda el concierto y debes apurar la faena. Echando mano de la experiencia de Pavlov con el perro y los reflejos, debo suponer que el tal rondó es de lo más diurético para melómanos madrileños. -¿Qué le pongo entonces? -¿Le quedan timbrazos de los de antes, me da igual en re mayor que en la menor, timbrazos a secas, tirrín, tirrín, tirrín? -Por supuesto, ¡marchando! un tirrín-tirrín para el caballero. -Gracias, señorita. Y tómeme nota de que un poquito más de respeto a la Cultura nos ahorraría rebajar a Mozart, Bach, Rossini¿ a soniquete, piticlín, sonsonete, retintín, murga, titiritaina o cencerrada de la movilización que nos moviliza.