Chirac no quiere entender

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

02 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EL PRESIDENTE Jacques Chirac ha demostrado claramente que no quiere entender el mensaje que le han enviado los franceses al rechazar el Tratado Constitucional europeo el pasado día 29 de mayo. Ha cambiado el Gobierno, y está dispuesto a cambiar lo que haga falta, pero ni se le ha pasado por la cabeza dejar la presidencia, que es justamente lo que una buena parte del «no» le ha pedido. El veterano Chirac se ha limitado a mirar para otro lado y ha puesto al frente del Gobierno a su fiel Dominique de Villepin y en un ministerio a su rival y deseable sucesor Nicolás Sarkozy. Probablemente porque todavía piensa beneficiarse de la tensión entre ambos para comparecer como el indispensable mediador cuya presencia se reclame, en aras de la unidad de la derecha, para las elecciones del 2007. Una típica jugada suya. La realidad es que faltan en la Europa actual líderes con grandeza y con peso, y nos sobran maniobreros cínicos y aprovechados. Por eso creo que nos vendría bien que dirigentes como Chirac o Schroeder desapareciesen cuando antes de la escena política. Con la parálisis que ha presidido sus gestiones y con el antiamericanismo de salón que han esgrimido, sólo han demostrado que saben cómo ganar ocasionalmente unas elecciones. Dominan el regate en corto, nada más. El famoso eje franco-alemán no ha engrandecido Europa sino que la ha debilitado y dividido. Ni Francia ni Alemania saben ya hacia dónde van (o quieren ir) en la construcción europea. Y esto se nota en el caos de expectativas que rodea a las instituciones comunitarias. Por una vez habrá que escuchar a Tony Blair cuando dice que Europa necesita un tiempo muerto, un tiempo de reconsideraciones. En realidad, necesita de relevos entre sus dirigentes. Nicolás Sarkozy en Francia o Angela Merkel en Alemania encarnan esperanzas en la medida en que son todavía incógnitas. Su tendencia a no tegirversar los datos de la realidad y a afrontar los verdaderos problemas (en vez de posponer su solución indefinidamente) los hace preferibles. Porque Chirac seguirá empecinado en no entender nada que no le convenga, con una total desfachatez. Cree en su UE, pero los ciudadanos ya no creen en él.